martes 6 octubre, 2009
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Neruda, González Videla y la Ley Maldita

Neruda, González Videla y la Ley Maldita

Una huelga legal de los sindicatos del carbón de Lota y Coronel en el invierno de 1947 fue el pretexto escogido por González Videla -de quien Neruda había sido jefe de propaganda durante la campaña presidencial- para iniciar una política anticomunista y formar una mayoría parlamentaria con los partidos de derecha. Denunció un supuesto complot para sabotear la producción y la vida nacional obedeciendo instrucciones del exterior, convencido de que la Guerra Fría que comenzaba en Europa también se daba en Chile.

La figura de Neruda como político incluye su breve etapa como senador: aún con su nombre civil -Ricardo Neftalí Reyes Basoalto-, fue elegido en marzo de 1945 por las provincias de Tarapacá y Antofagasta, en una lista conjunta del Partido Comunista, el Partido Radical, los socialistas y el Democrático, encabezada por Gabriel González Videla, quien se preparaba para las elecciones presidenciales de 1946.

Permaneció en la cámara alta menos de tres de los ocho años de su mandato. En febrero de 1948 fue desaforado por iniciativa del Presidente González Videla, acusado de “ultraje a la nación e injurias y calumnias en contra del Presidente de la República” por “los delitos contra la seguridad interior del Estado y contra el orden público”, contemplados en la Ley de Seguridad Interior del Estado de 1937. González Videla pidió el desafuero tras la publicación de un artículo en los diarios El Nacional de Caracas (el 27 de noviembre de 1947) y en El Popular de México (el 6 de diciembre), que Neruda tituló “La crisis democrática de Chile es una advertencia dramática para nuestro continente” y en el que denunciaba la política gubernativa. ¿Qué llevó al poeta a dar ese paso?

Neruda se rebeló contra la política de González Videla, elegido Presidente en las elecciones de 1946 con el apoyo del PC, y del cual fue jefe nacional de propaganda. Como el candidato radical no obtuvo el respaldo popular de sus antecesores -recibió sólo 40,1% de los votos-, debió ser ratificado por el Congreso Pleno, en que los radicales eran minoría. Pidió el apoyo de los liberales, que se lo dieron exigiéndole entrar al gobierno, moderar su programa y controlar a los comunistas.
Se formó un gabinete que incluyó tres ministros comunistas, pero el Presidente los sacó del gobierno cinco meses más tarde, a raíz de las elecciones municipales de abril de 1947, en que el PC aumentó su votación y los liberales perdieron respaldo.

Una huelga legal de los sindicatos del carbón de Lota y Coronel en el invierno de 1947, en demanda de mejores condiciones de trabajo y aumentos salariales, fue el pretexto escogido por González Videla para iniciar una política anticomunista y formar una mayoría parlamentaria con los partidos de derecha. Denunció un supuesto complot para sabotear la producción y la vida nacional obedeciendo instrucciones del exterior, convencido de que la Guerra Fría que comenzaba en Europa también se daba en Chile.

El paso siguiente fue decretar estados de excepción por el plazo máximo permitido por la Constitución de 1925 -seis meses-, los que se renovaron en cuatro ocasiones: el país vivió, así, con las libertades públicas restringidas durante dos años y medio, en un clima de guerra interna y con un Estado policial sin precedentes. Centenares de dirigentes sindicales, incluyendo falangistas, fueron detenido y relegados a distintos lugares: el campo de prisioneros de Pisagua reunió el mayor número de presos políticos.

Neruda, González Videla y la Ley Maldita

La persecución arreció desde la promulgación de la primera Ley de Facultades Extraordinarias, el 22 de agosto de 1947, hasta enero de 1950, cuando expiró la última, que no fue renovada por oposición de
falangistas y conservadores socialcristianos, que se incorporaron al gobierno constituyendo el “gabinete de sensibilidad social”. Ahí terminó la cacería de opositores.

Para impulsar esta política, González Videla llamó a los militares entregándoles no sólo la cartera de Defensa, que ocupó el general de Ejército Guillermo Barrios Tirado, agregado militar en Washington, sino también la dirección del gabinete: el contraalmirante Emmanuel Holger, jefe del Estado Mayor de la Armada, se convirtió en ministro del Interior. El gobierno decretó zonas en estado de emergencia en diversas ciudades, a cargo de militares que impusieron una estricta censura de prensa y un severo control de la actividad política. El general Pinochet estuvo un tiempo en Pisagua y después en Coronel.
Los comunistas fueron perseguidos desde más de un año antes que se promulgara la “Ley Maldita”, el 3 de septiembre de 1948, cuya finalidad era eliminar al PC de la vida política y suprimir de los registros electorales a sus miles de votantes.

Neruda reaccionó contra este clima de guerra interna y motivó las iras del Presidente: “El terror, la intimidación, la censura de prensa y de radio, la delación instigada por el gobierno reinan en este momento”, escribió. Pero el poeta no estuvo solo en la denuncia de la situación política. El ahora ex Presidente Patricio Aylwin protestaba con duros términos por la política gubernativa en un artículo publicado en esos días en la revista Política y Espíritu: “El Gobierno, revestido de poderes dictatoriales por la Ley de Facultades Extraordinarias, prefirió imponer su voluntad ejerciendo discrecionalmente esos poderes. Su actuación puede acaso decirse que es legal; pero ha sido arbitraria, porque ha sobrepasado los fines de la ley, ha violado la equidad natural y aún ha atropellado muchos legítimos derechos. Pocas cosas más penosas que ésta de un Gobierno que no invoca para privar a los hombres de su libertad otra razón que la que puede hacerlo. ¿Hasta dónde vamos a llegar por el camino peligroso en que nos encontramos?… Quiera Dios que al salir de esta triste etapa, resulten a salvo nuestras instituciones democráticas, las conquistas sociales de los trabajadores y el prestigio y dignidad internacional de Chile”.

Neruda ya había sido desaforado y pendía sobre él una orden de detención. En sus Memorias, publicadas después del Golpe de Estado de 1973, González Videla dice que ordenó a Investigaciones “buscarlo y no encontrarlo”: se produjo, agrega, “una de las comedias más grotescas que ha forjado el comunismo: el poeta perseguido, el poeta encadenado y barbón… atravesando la cordillera a pie y a caballo”. La realidad fue otra: Neruda fue buscado intensamente por la policía. El director general de Investigaciones dio cuenta a la Corte de Apelaciones que desde un comienzo se “procedió a designar personal del Servicio a fin de que siguiera los pasos del señor Neruda, manteniendo sobre él una estrecha vigilancia; se colocaron puntos fijos en los domicilios en Santiago e Isla Negra y se dispuso vigilancia especial en aquellos sitios en que concurría con mayor frecuencia”. Además, se hizo un seguimiento de numerosos vehículos “ocupados habitualmente por el señor Neruda” y se registraron decenas de propiedades. La presión lo obligó a vivir escondido durante un año y tuvo que escapar del país en el verano de 1949 para impedir una humillante detención.

Es necesario recordar este triste episodio, porque Neruda actuó con la palabra contra un gobierno que dañaba la democracia. El anticomunismo de González Videla tuvo pésimas consecuencias para el país: dividió al Partido Conservador y lo debilitó sin recuperación posible, pues un sector, encabezado por el doctor Cruz-Coke, estuvo en contra de la “Ley Maldita”; el Partido Radical se vio desacreditado ante la opinión pública por la traición cometida contra sus aliados de una década: dejó de ser el principal partido de Chile y dio motivos para el regreso a La Moneda del ex dictador Carlos Ibáñez, que se impuso ampliamente en las elecciones presidenciales de 1952, llamando a “barrer a los políticos”: el mismo objetivo que se impondría, 30 años más tarde, el ex comandante del campo de prisioneros de Pisagua con muchos de sus compañeros de generación y civiles que apoyaron a González Videla.


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Autor/Fuente
Carlos Huneeus y Luz María Díaz de Valdés Revitsa Siete + 7, Número 119, Especial Pablo Neruda - Número 3 , 16/07/2004
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