lunes 6 septiembre, 2010
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Chile en el primer Centenario

Chile en el primer Centenario

Por cierto, cuando nuestro país celebró el Centenario, existían dos Chiles diferentes: el primero triunfante, económicamente rico, que había heredado de la Guerra del Pacífico la riqueza de las dos grandes provincias  salitreras  – Tarapacá y Antofagasta- la oligarquía, poseedora absoluta del poder, podía vanagloriarse de los éxitos logrados por Chile en cien años. Las damas de la aristocracia competían entre ellas para agasajar a los invitados extranjeros, con los dineros fiscales; se preparaba el clásico derby en el hipódromo, con caballeros vestidos de colero y las damas luciendo sus mejores sombreros. Se construyeron grandes edificios públicos, como el museo de Bellas Artes y la tienda  Gath y Chávez , en  Santiago y  el alumbrado eléctrico, pero muchas otras  inauguraciones  sólo quedaron en la primera piedra.

Este era el Chile contento y saciado, que vivía de las riquezas del salitre y, ni siquiera, pagaba impuesto a renta, sólo algunas desgracias nublaban este claro panorama: en agosto de 1910 moría el presidente Pedro Montt, en Bremen, Alemania y, a causa de un resfrío moría también su sucesor, don Elías Fernández Albano. Chile se encontraba sin presidente a días de la celebración del Centenario. Quién podría ocupar el cargo? Normalmente le correspondía al ministro más antiguo – considérese que la duración media de los secretarios de Estado, en la república plutocrática no superaba los cuatro meses; la única persona que reunía las condiciones preestablecidas era don Luís Izquierdo, pero una dama enamorada de don Emiliano Figueroa  solicitó a don Luís dejar el paso a Emiliano Figueroa. Nada más adecuado que este personaje para presidir las fiestas del Centenario: hombre de mundo, galante y afortunado, era el perfecto dandy  para recibir la visita del mandatario argentino, Figueroa Alcorta y demás invitados.

El otro Chile vivía en la miseria: en el norte los obreros del salitre trabajaban más de doce horas diarias, sin ninguna seguridad en  el empleo y con el riesgo de caer, permanentemente en esas tinas hirvientes que eran los cachuchos; ganaban un salario entre cuatro y seis pesos, que se devaluaban continuamente a causa de la implantación del papel moneda. Por lo demás, a mayoría recibía el salario en fichas que eran canjeadas sólo en la pulpería de la oficina salitrera. En general, el kilo de carne no era tal, sino tres cuartos, pues las pesas eran arregladas a su antojo por los pulperos. Las habitaciones eran verdaderas barracas, hirvientes durante el día y heladas en la noche. Los habitantes de las grandes ciudades vivían en conventillos, en las famosas piezas redondas, que hacinaban hombres, mujeres y niños, con el riesgo de la promiscuidad permanente.

En la época del Centenario, un tercio de los niños moría antes del año de vida; la tuberculosis, el tifus y otras epidemias derivadas de la situación de pobreza, diezmaban a la población. Tan alta tasa de mortalidad llevó a afirmar a Tancredo Pinochet – escritor y periodista -, que Chile era un verdadero matadero. Incluso hubo años, a comienzos del siglo XX, en que población disminuyó ostensiblemente.

Las fiestas del Centenario tuvieron una duración de diez días – del 12 de septiembre al 22 del mismo mes- en las cuales se realizaron todo tipo de ceremonias, concursos y festejos varios. La delegación principal era la argentina…también había representantes de los demás países latinoamericanos. En su mayoría, las delegaciones eran alojadas en los palacios de las familias aristocráticas.

Después de tantas festividades, al fin llegó el gran día: en la mañana sonaron las campanas de las iglesias de Santiago, las calles del centro se llenaron de personas, que querían celebrar el Aniversario de la Junta de Gobierno; todo estaba preparado para el Te Deum, cuya homilía fue pronunciada por el arzobispo de Buenos Aires, Mariano Espinoza, pues en Santiago, el prelado Juan Ignacio González se encontraba enfermo; después de esta ceremonias, vino el desfile militar y, a las 14:55 horas, el alcalde de Santiago ofreció un almuerzo de honor a las personalices invitadas. En la tarde, en el Teatro Municipal, se presentó la Ópera Aída, en homenaje al cuerpo diplomático. En la noche se lanzaron fuegos artificiales, en el Cerro Santa Lucía.

El 19 de septiembre se realizó la Revista militar, donde se lucieron los cadetes del Colegio Militar. El 21 de septiembre se corrió, en el Club Hípico, el premio del Centenario, cuyo monto era de 40.000 pesos –contra todo pronóstico, ganó el caballo chileno Altanero, contra los favoritos argentinos. Finalmente, hubo una fiesta en el Club de la Unión, ofrecida por la aristocracia chilena al presidente argentino.

Por último, junto a las ceremonias, cenas y ferias, hubo algunos concursos importantes, como la Exposición Internacional de Bellas Artes que, curiosamente, no se invitó al pintor chileno más famoso de esa época, Juan Francisco González quien, dolido y humillado, preparó una muestra en el Salón llamado de los “rechazados”. También se realizó una exposición histórica del Centenario y una muestra nacional e internacional sobre agricultura e industria. En el concurso de novela ganó Ansia, de Fernando Santiván – perteneciente al famoso Grupo de los Diez- que consistía en un relato autobiográfico sobre las dificultades de un escritor de clase media en su inserción en la sociedad chilena.

El pueblo participó del Centenario desde lejos, mirando los desfiles y demás actividades; la municipalidad de Santiago preparó, en algunas plazas, como la del roto chileno, en el barrio Yungay, proyecciones gratuitas de cine –  en esa época se llamaba Biógrafo- y carreras de sacos, que en ese tiempo eran populares, incluso para los adultos; hubo una feria del Centenario que tenía tiro al blanco, rayuela y otros juegos, así como danzas populares y zarzuelas. Las fiestas del Centenario fue más una celebración de la oligarquía plutocrática que un acontecimiento con participación popular.


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Autor/Fuente
Rafael Luis Gumucio Rivas Extracto de "Chile y Argentina en el primer Centenario", Diario El Clarín (Chile), 25 Mayo 2010.
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