"La
Iglesia y el Convento de San Francisco es hoy uno de
los monumentos más relevantes de la ciudad de
Santiago............dentro
de los claustros y del templo se abstrae del ajetreo
urbano y toma estrecho contacto con una forma de vida
recogida, reflexiva y espiritual. "
En octubre de 1553 llegan a Santiago de Chile cinco
frailes franciscanos con el propósito de "fundar
el convento e iglesia para la doctrina de españoles
e indios". Es la segunda orden religiosa que llega
a Chile; antes lo habían hecho los mercedarios.
La Iglesia y Convento de San Francisco tienen su origen
en la Ermita del Socorro, establecida por Pedro de Valdivia
para albergar la imagen de la Virgen de esta advocación.
Esta imagen, tallada y policromada en Italia, fue parte
del equipaje del conquistador en su venida a Chile,
y tanto él como sus compañeros atribuyeron
a su intercesión el haber sobrevivido a los ataques
de los indígenas.
En
1554, a cambio de doce solares en el lugar, la Orden
Franciscana adquirió la obligación de
construir un templo que albergara a la imagen que resguardaba
la Ermita. Los franciscanos se instalaron en este tranquilo
lugar, por entonces en el perímetro de la ciudad.
En 1572 construyen una iglesia de adobe que derrumba
el terremoto de 1583.
Entonces deciden edificar una iglesia definitiva, de
piedra canteada, la que inician tres años después
con el aporte de 1000 pesos donados por Felipe II, y
logran terminarla en 1618. Con planta de cruz latina
formada por una nave central y dos capillas laterales,
tenía una torre cuadrada de piedra.
Más tarde se construyeron dos claustros para
los religiosos. Posteriormente, durante el siglo XVIII,
se amplió uno de los claustros, dotándolo
de una enfermería, y se construyeron otros nuevos.
Se instalaron varias pequeñas capillas laterales
-ofrendas de particulares- en el interior del templo.
Se construyó también un refectorio, y
se plantaron huertos y jardines; el templo fue remozado
continuamente y su alhajamiento fue dedicadamente enriquecido
por los religiosos, con ayuda de los fieles.
Su
nave central ha permanecido en pie hasta ahora, resistiendo
terremotos e incendios y su torre ha sido reedificada
una y otra vez. El solar franciscano abarcaba desde
La Cañada al Norte hasta el Camino de Los Monos,
hoy Av. Matta, por el Sur y hasta la actual calle San
Diego hacia el Poniente. En este terreno, fuera del
área urbana, levantaron varias construcciones,
además de la iglesia y el convento, entre ellas
el colegio de San Diego y un hospital. En el límite
Sur se instalaron conventillos habitados por los más
pobres.
El templo sería coronado a mediados del siglo
XIX por el arquitecto Fermín Vivaceta, cuyo diseño,
netamente decimonónico, armoniza sorprendentemente
bien con la construcción colonial, y aporta un
elemento funcional: el reloj.
El
templo fue construido con grandes bloques de piedra.
El artesonado que decora la nave central es uno de los
elementos más notables de la construcción;
es de estilo mudéjar. También merece especial
mención la puerta que comunica la sacristía
con uno de los claustros, de madera de ciprés
prolijamente tallada. Por su parte, los claustros no
sólo son bellos de por sí, sino que además
fueron adornados por obras de arte de gran valor. Destacan
entre ellas los 42 lienzos de la escuela cuzqueña
que representan la vida de San Francisco, y que datan
de la segunda mitad del siglo XVII. Gracias a la iniciativa
particular los claustros franciscanos albergan hoy al
Museo Colonial, que es uno de los más valiosos
del continente.
La
Virgen del Socorro, quien fuera objeto de gran devoción
durante toda la Colonia, está hasta hoy en el
altar mayor de la Iglesia.
La
Iglesia y el Convento de San Francisco es hoy uno de
los monumentos más relevantes de la ciudad de
Santiago. Nos alude a todos, por cuanto hay en él
trabajo de indígenas, mestizos y europeos; la
obra, por otra parte, es tanto colonial como republicana.
Su interior es un refugio para el transeúnte,
que dentro de los claustros y del templo se abstrae
del ajetreo urbano y toma estrecho contacto con una
forma de vida recogida, reflexiva y espiritual.
La
Iglesia
La iglesia y el convento de San Francisco son testimonios
de nuestra historia artística durante el período
colonial. Su arquitectura de los siglos XVI y XVII presenta
elementos que han permanecido en la arquitectura chilena
tradicional, como son los techos cubiertos de tejas,
los corredores y los patios interiores.
Su
historia entre mediados del siglo XVI a mediados del
siglo XIX, constituye un ejemplo de la esforzada labor
que debieron desarrollar por entonces los santiaguinos
para mantener en pie y decorosamente sus casas, edificios
públicos y religiosos.
Tanto
en la iglesia como en el museo, se encuentran muchas
obras de arte colonial que forman un conjunto de gran
valor estético e histórico, el más
importante de Chile.
Su
colección es una síntesis del arte colonial
andino. Entre las obras que alberga, se encuentran pinturas,
esculturas, ebanisterías, tallas, rejerías,
orfebrerías, platerías, tejidos y muebles.
En pintura sobresale la Serie de la Vida de San Francisco
y en escultura, las tallas quiteñas.
En
1951 la Iglesia y el Convento de San Francisco son declarados
Monumento Nacional por ley de la República.
El Convento
La construcción del convento franciscano se ha
hecho a través del tiempo, luchando con terremotos
e incendios. En 1628 se termina el claustro vecino a
la iglesia, de dos pisos, el que es muy dañado
por el terremoto de 1647. A mediados del siglo XVIII,
el convento cuenta con cuatro claustros y un refectorio.
A comienzos del siglo XX, el convento se reduce a un
claustro y las construcciones contiguas, las que aún
permanecen.
El
Patio
Como un oasis de paz y quietud en medio del bullicio
ciudadano, el claustro guarda el mensaje del santo entre
sus centenarios árboles (un peumo, un boldo,
una araucaria, un palto), sus pájaros y su fuente
con peces.
El
Museo
En parte del convento y compartiendo algunos espacios
con la congregación, se ha habilitado el Museo
de Arte de San Francisco, con valiosas piezas que forman
el mejor conjunto de arte colonial del país.
Ellas han pertenecido a los franciscanos por siglos
y son testimonio de la espiritualidad de los siglos
XVII y XVIll. Están a disposición del
público desde 1969, gracias a la Congregación
Franciscana y al Comité Pro- Restauración
de San Francisco, fundador y mantenedor de este Museo.
Mi
Dulce Patria les invita a visitar y disfrutar del más
antiguo testimonio de nuestra historia artística.
Para
conocer acerca de horarios y actividades: www.museosanfrancisco.cl
Reportaje:
Bello Sandalio
Fotografías: Dulce Patria
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