Un oficio perdido es el que realizan Alejandro y Patricio Rebolledo en su taller. Redescubrir formas y colores es su objetivo, con el cual ayudan a mantener el patrimonio histórico y religioso.



El oficio viene de familia y comenzó hace muchos años atrás, primero en el ámbito de la mueblería, pero poco a poco les fue tirando esto de restaurar piezas históricas.

El abanico de materiales que manejan para desarrollar la restauración es amplio, Marfil, mármol, madera policromada, cerámica, Bronces, Vitreaux, etc.

Su arte lo desarrollan en una vieja casona de Av. Brasil , muy cerca de la feria de antiguedades del Parque de los Reyes. Para cumplir su objetivo dedican horas en hacer aparecer colores y formas, que el paso del tiempo ha ido mermando.

La paciencia y dedicación es clave en éste oficio, obviamente hay que tener dedos para el piano también. Concentrarse en traer el alma original de la obra es fundamental, para eso, tallan o esculpen piezas faltantes, les colocan ojos, pintan o repujan donde sea necesario.

Éste oficio es de aquellos que se van extinguiendo. Hay muchos restauradores de muebles pero pocos restauradores. El Oficio de restaurar obras policromadas o imaginería religiosa es totalmente diferente, Hay que raspar capa a capa en busca del tinte original, luego se debe encontrar el color exacto para aplicarlo en las zonas que falta, y esto toma mucho, muchísimo tiempo.

Según nos comenta Alejandro, Hace años atrás las imágenes religiosas estaban en las bodegas de la iglesias tiradas en los rincones. Es así que anticuarios y particulares empezaron a comprarlas y a mandarlas a restaurar. Cuando las congregaciones religiosas comenzaron a darse cuenta del valor real de piezas históricas de mármol o madera policromada ya era tarde, y tuvieron muchos de ellos que conformarse con copias de yeso.

La mayoría de las piezas que se restauran en el taller de los rebolledo tienen centenares de años. Es por eso que ellos ponen el corazón en su trabajo para hacer salir el verdadero arte de cada pieza, combinando la maestría de los verdaderos y primeros autores, con su pericia en la restauración.

Un Pequeño Mensaje:

La Restauración dePiezas de arte antiguas es una solución para la reutilización de aquelloas piezas que por el mal estado en que se encuentran no son aptos para su uso, y mucho menos, para su encaje en la decoración o en la apreciación.

Una pieza restaurada recobra todo el esplendor del momento en que se construyó, con el carácter que el paso del tiempo le ha otorgado, además de la posible carga sentimental que representa.

La opción de deshacerse de estasmuebles piezas de arte es a menudo dolorosa y siempre molesta, y la restauración se plantea como la salida más rentable, ya que el objeto, una vez restaurado aumenta automática y exponencialmente de valor, y por supuesto, sentimentalmente satisfactoria, al mantenelo como patrimonio familiar o institucional, con un aspecto renovado y apto para su uso, en caso de estimarlo necesario. Al fin y al cabo, y a pesar de ser un objeto de uso, es una obra de arte que da prestigio y calidad humana y cultural a quien lo conserva en buen estado.



Para contactarlos:
Alejandro y Patricio Rebolledo

Brasil 1157 (locales 34 - 35)
Fono: 6958745
arebolledo@hotmail.com



Por Bello Sandalio
Fotografías: Lourdes Pincheira



 
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La historia de Chile esta profundamente marcada por la figura de este singular valdiviano, quien a través de sus escritos en la Aurora de Chile difundió las ideas independentistas y los principios en los que debería fundarse la nueva nación.


El 20 de julio de 1769, nace Camilo Henríquez González, hijo de un matrimonio regularmente acomodado de Valdivia y formado por Félix Henríquez y Rosa González. Su familia estaba compuesta por 3 hermanos, de los cuales uno muere siendo un niño, en tanto que José Manuel, Subteniente de Artillería, fallece producto de un balazo recibido en las trincheras de la Plaza de Rancagua en octubre de 1814.

desde muy niño mostró inclinación al estudio, y un carácter meditabundo y melancólico, que sus padres tomaron por signo de vocación religiosa , es por ello que a los 9 años es enviado a Santiago para que estudie en el colegio Carolíno.

En 1784 cuando tenía quince años, un tío materno religioso de la orden de San Camilo, llamada de la Buena Muerte , logró que fuera enviado a Lima, decisión en la que tuvo importante influencia don José María Verdugo, hermano natural de la madre de los Carreras, que estaba radicado en la cuidad de los virreyes. El joven encontró en el convento la paz, la tranquilidad y el sosiego necesarios para satisfacer sus ansias de saber . En este período es instruido por Fray Ignacio Pinuer, de quien aprende gramática latina, sicología y lógica.

La etapa que comienza entre 1796 y 1809, esta plasmada por diferencias históricas, las cuales se deben a la cantidad de procesamientos a las que se enfrento Camilo Henríquez con el Tribunal de la Santa Inquisición , sin embrago todos coinciden que las razones de los procesamientos se debieron por tener libros prohibidos y consagrarse a la lectura de filósofos franceses.

En 1811 regresa a Chile, su reinserción política se ve iniciada el 6 de enero, cuando comienza a circular el manuscrito Proclama de Quirino Lemáchez , documento de su autoría, a través del cual insta a votar por hombres capaces de luchar por las ideas independistas en las elecciones por la formación de un Congreso Nacional. La proclama fue publicada en El Español, de Londres, y en la Gaceta de Buenos Aires, Argentina. Luego el 4 de julio, se constituye el primer Congreso Nacional, donde participa como diputado suplente por Puchacay. A instancias de la inauguración del congreso, fray Camilo pronuncia un sermón que quedo en parte registrado en las actas del de las secciones de los cuerpos legislativos. El primero de abril de ese mismo año, participa en la sofocación del "Motín de Figueroa". En noviembre en el Congreso, promueve un plan de estudios, cuyo fin era organizar la enseñanza pública, el cual es reconocido como la idea inicial de la creación del Instituto Nacional.

El 16 de enero de 1812 es nombrado por parte de la Junta de Gobierno, como redactor de la Aurora de Chile, con un sueldo de 600 pesos anuales. Con lo cual se comienza a trabajar en la redacción del primer periódico nacional.

En la Aurora de Chile participaban como colaboradores Antonio José de Irisarri, Bernardo de Vera y Pintado y Manuel de Salas; además bajo los seudónimos de Cayo Horacio, Roque Harismenlic, Canuto Handin y Patricio Curinancu, escribía Fray Camilo. El 18 de agosto de 1812, la junta de gobierno dirigida por José Miguel Carrera y en la cual participaban Prado y Portales; nombran por medio de un decreto, a una comisión, integrada por Juan Egaña, Francisco Antonio Pérez, Pedro Vivar y Manuel de Salas, encargada de "formular un proyecto de reglamento de imprenta libre, que, conciliando el respeto inviolable de nuestra santa religión, resuelva ese importante negocio". Lo cual Camilo Henríquez, interpreta como un acto de censura a sus ideas, a lo que responde con dos decisiones, la primera fue no publicar el decreto, pese a que por su naturaleza de "Ministerial y político" debía haberlo publicado; y la segunda medida, fue la publicación en el ejemplar (N° 30 del 3 de octubre de 1812) de un extracto del discurso -que el mismo tradujo- del poeta inglés Milton, sobre la libertad de prensa.

Otro tras pie, enfrenta la Aurora de Chile, cuando el 12 de octubre de 1812, es decir dos meses después, por medio de un decreto que ordena su publicación, se le comunica que será cambiado el órgano "censor". El artículo de oficio dice: "Debiendo conciliarse el libre ejercicio de las facultades del hombre con los derechos sagrados de la religión y del estado, cuyo abuso funesto e inconsiderado, puede envolvernos en desgracias, [...] se nombra interinamente, y hasta que se publique el respectivo reglamento, para que revea y censure previamente, cuanto se imprima al Tribunal de Apelaciones". En el número 36 del 15 de octubre de 1812, se puede leer el oficio, pero también en el mismo ejemplar se encuentra en la portada un opúsculo o folleto breve, de Milton, el cual se inicia con "Ya que estáis diciendo que volvamos a ser esclavos, a lo menos aprovechémonos del corto tiempo que nos resta para despedirnos de la libertad."

Durante 1812-1814, el redactor de la Aurora de Chile, también se desempeñó como secretario del senado. Actividad que lo involucra e incentiva para proponer la supresión de la pena de muerte, sin embrago, los condenados tendrían que ser recluidos en colonias penales. También propone implementar algún sistema de protección para los indígenas. Otra de las obras de importancia en la cual participo como redactor fue el "Reglamento Constitucional Provisorio" de 1812. El cual le fue encargado por José Miguel Carrera a la comisión formada por Camilo Henríquez, Manuel de Salas y José Antonio Irisarri. En esta etapa da vida a su primera obra dramática, la cual titula "La procesión de los tontos".

Un gran cambio acontece tanto en la historia nacional, como en la vida personal de fray Camilo, ya que tras el desastre de Rancagua, se auto exilia en Buenos Aires, Argentina.

Durante su estadía en Argentina, gozo de la protección de Diego Antonio Barros, gracias a quien pudo colaborar en la redacción la Gazeta de Buenos Aires durante 1815, periodo en el cual también tuvo que escribir "Observaciones acerca de algunos asuntos útiles" que saco a circulación 4 ejemplares durante mayo y septiembre; por ambas actividades se le canceló mil pesos fuertes al año. De su actividad periodística se tiene nuevos antecedentes en 1817, cuando el cabildo de Buenos Aires lo nombra para redactar el periódico "El Censor", cargo en el cual permanece hasta febrero de 1819.

El 8 febrero de 1822 inicia su viaje de regreso a Chile, sin embrago ya en 1821 Bernardo O Higgins, a través de un decreto señala: "Atendidos los méritos y servicios del clérigo regular ciudadano Camilo Henríquez, vengo en conferirle el empleo de capellán de ejército del Estado Mayor General, con el sueldo asignado por reglamento". Otro de los votos de confianza que le entrego O Higgins, antes de su regreso, fue que lo nombrara en la junta que tuvo a su cargo la aplicación del sistema de Lancaster a las escuelas chilenas.

Ya en tierra chilena, es nombrado a través de un decreto dictado el 27 de abril de 1822, como bibliotecario de la Biblioteca Nacional con un sueldo de 500 pesos anuales. Asimismo se le encarga la redacción de la "Gaceta Ministerial" y la formación de un periódico sobre la estadística del país, que sería publicado cada ocho o quince días, a esta segunda publicación le dio un carácter de revista, donde incluyó estudios originales y traducidos y al cual llamó "Mercurio de Chile", el cual circuló desde mayo de 1822 hasta abril de 1823. Por ambas publicaciones se le cancelería un sueldo de mil pesos anuales.

Su regreso al país, se ve marcado por diversas actividades de carácter público y político, las cuales comienzan en junio de 1822, cuando es convocado para formar parte de una junta de sanidad, cuyo objetivo fue estudiar las medidas necesarias para mejorar la salud de la población y evitar el contagio de enfermedades, lo cual impulsó el desarrollo de los hospitales y el restablecimiento de los hospicios para indigentes. En este mismo período, es designado secretario para redactar el reglamento constitucional, actividad que lo impulsa para a fundar el periódico "Diario de la convención de Chile", en el cual se registran las actas de las sesiones e inserta documentos oficiales.

En 1823 es elegido diputado suplente por Chiloé y Copiapó, su estado de salud ya era delicado, no obstante, ello no fue impedimento para propiciar la edición de un periódico que recogiese la actividad de las sesiones del Congreso. En noviembre de 1823 el gobierno le designó como oficial mayor del Departamento de Relaciones Exteriores, cargo que no alcanzó a ejercer debido a su precario estado de salud, que también lo impulsa para que en el mes de enero de 1825 emita su testamento, en el cual dispone de sus bienes y declara su fe católica.

Según Miguel Amunátegui los últimos años del fray : "Transcurrieron de la siguiente manera: Con la edad, su salud se había quebrantado extremadamente. No pasaba día bueno. A las dolencias del cuerpo se había agregado las del alma. Se puso hipocondríaco y bilioso; todo lo incomodaba; riada le complacía. La miseria le hizo sentir sus diarios y acerbos sinsabores. Aunque era muy parco en la comida y muy humilde en el vestido, su renta no alcanzaba a satisfacer sus necesidades, pues a más de ser escasa se quedaba en su mayor parte entre las manos de dos criados que le robaban descaradamente. Desde su venida de Buenos Aires había dejado el traje eclesiástico, lo que hacía que un número de personas lo miran como apóstata. El cohonestaba el abandono de la vestidura talar, con el título de capellán del estado mayor general que se le había conferido. Camilo Henríquez falleció con todas las apariencias de un hombre religioso y de un católico sincero, recibiendo devotamente los sacramentos de la iglesia. Su muerte tuvo lugar el 16 de marzo de 1825, en una casita de la calle Teatinos, número 33, situada entre la de Agustinas y los Huérfanos, a los pies de la casa de don Álvaro Covarrubias."

Diversos artículos señalan que el día de las exequias se realizaron el 16 de marzo de 1825 en Santiago, para sus funerales se llevaron a cabo ceremonias especiales de duelo público que dispusieron oportunamente el gobierno y el parlamento. Por orden del primero mientras se efectuaba el entierro en el cementerio General, se dispararon salvas desde el fuerte del cerro Santa Lucía, y por disposición del parlamento, una delegación especial de sus miembros expresó su condolencia a la familia, mientras que el resto de los diputados asistía de luto y decretaban duelo nacional por tres días.




Por Bello Sandalio



 
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