"El
sistema de salud privado funciona como un seguro
individual y no de capitalización, es decir
, la plata que no se utiliza en los tiempos de
buena salud no se acumula para la eventualidad
de tiempos malos. Es por eso que este sistema
tiene tantos críticos, que por cierto esgrimen
razones evidentes para hacer un llamado a generar
una mayor supervisión por parte de los
organismos pertinentes."
Un problema recurrente vuelve y vuelve
ha suceder. Un afiliado de Isapre por urgencia
se atiende de urgencia en la UTI de un hospital
capitalino, que obviamente es el mas cercano a
su residencia. Tras varios días internado
es dado de alta. El costo de la atención
supera los 2 millones y medio de pesos. Como el
hospital no es parte de los convenios de su Isapre,
esta le cubre la solamente la mitad de l monto.
Angustiado este pobre ciudadano adeuda un millón
y medio de pesos, que no sabe como pagara con
un sueldo de 350 mil pesos mensuales.
Lo
mas cierto es que el afectado se pregunte de
que le ha servido cotizar por 20 años
en la misma Isapre el equivalente a 45 mil pesos
mensuales (30 mil por cotización legal
y 15 mil para mejorar su plan, en total 10 millones)
si cuando más necesita a la institución
en quien deposita su dinero y confianza, esta
no lo auxilia.
Si
hubiese pertenecido ha Fonasa habría
cancelado el 20 % de la atención. Pero
el aludido como un quinto de la población
chilena prefiere cotizar en una Isapre, convencidos
de que obtendrán mejores beneficios.
Ahora al enterarse de las ganacias que obtienen
estas instituciones se siente estafado.
El
sistema de salud privada en Chile se ha vuelto
un gran negocio. Solamente en el primer trimestre
del 2004 obtuvieron una ganancia del 94% respecto
del ano anterior, es decir uno 28 mil millones
de pesos en utilidades.
Desde
que se creó el sistema mixto de salud,
las prestadoras de servicios de salud privadas
han estado en medio de la polémica. El
objetivo de incorporar la inversión privada
al tema salud era dar solución a los
problemas públicos bajo la supervisión
Estatal. El negocio para los privados fue redondo
pues el marco legal los favorecía en
demasía, si hasta los eximió del
pago de licencias maternales y los facultó
para encarercer los planes si el afiliado comenzaba
a ser “riesgoso”.
En
los años 90 vivieron su época
de oro, sus usuarios se elevaron casi al doble
llegando a casi 4 millones. Se incrementó
la inversión y se crearon más
de 30 clínicas privadas. Debido a este
mismo auge las prestadoras de servicios (Isapres)
llegaron a 36.
A
fines de los 90 comenzó la crisis asiática
y se estancó el crecimiento país.
Para paliar la crisis los costos subieron y
fueron traspasados a los usuarios a través
de la alza de planes. Esta época marcó
el regreso de muchas personas al sistema público
de salud. Se hablo de crisis terminal en el
sector.
Pero
esos años no fueron tan mal negocio.
Los ingresos por vía de cotización
legal aumentaron de 450 mil millones en el 97
a 530 mil millones en el 2001. Se sumó
a esto los dineros producto del aporte voluntario
que en el mismo período subió
de 82 mil millones a 145 mil millones. Pero
aún así los empresarios de las
Isapres argumentabn que el sistema estaba al
límite de lo sustentable y preveían
que en un corto plazo tendrían que dejar
el negocio.