“sigo
teniendo mucha dificultad para sobrevivir, pero
trabajo con mucha alegría. Y si hubiera
tenido tiempo, habría escrito más.
Y con esto te estoy contando un chiste”.
Alfonso Alcalde
El
5 de Mayo de 1992, Alfonso Alcalde, a los 71 años
se quitó la vida colgándose de un
cinturón en un perchero de una solitaria
y miserable pieza. Tenía en sus bolsillos
once mil pesos.
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Siempre al borde de la miseria, su vida es la
mejor novela que alcanzó a escribir. No
estuvieron ausentes los elementos que prefería:
abandonos, infidelidades, amores tórridos,
amistades intensas, mucho mar, caminatas incansables,
pellejerías y frustraciones.
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Tampoco la crónica roja, que lo despidió
otorgándole en todos los noticieros y periódicos
el espacio que le negaron para celebrar su obra
literaria o para ejercer el periodismo.
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"Después del golpe militar nunca volvió
a ser el mismo", dice su viuda Ceidy Uschinsky,
quien aún se estremece con su recuerdo.
"Viví con y para él y a través
de él. Yo me denomino una canuta de la
obra de Alfonso Alcalde", confiesa.
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Se conocieron en 1964 en la campaña de
Salvador Allende y compartieron 25 años.
Lo pasó bien y mal, por la personalidad
extremadamente compleja de su hombre. "Era
muy putazo", resume.
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"Alcalde es el inventor de un lenguaje popular
que no proviene de ninguna búsqueda erudita,
sino de los bares más tristes y los inviernos
más húmedos de Tomé, Curanilahe,
Concepción, Lota o Talcahuano", señala
el escritor José Miguel Varas.
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Alcalde vino a Santiago a buscar otros horizontes.
"Tenía el historial más variado
de circunstancias de vida. Una vez contó
esa historia tremenda de cuando estaba preso en
Bolivia en un hoyo en el suelo. Trabajó
en las minas de plata de Potosí y también
anduvo contrabandeando animales. Vivió
muy a fondo todas las cosas y anduvo muy cerca
de perder la vida por circunstancias de miseria".
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Aunque su capacidad de trabajo era extraordinaria,
por alguna razón siempre entraba en crisis.
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"Lo peor que le puede ocurrir a una persona
es quedarse ciego, además siento que me
estoy quedando idiota", le dijo a José
Miguel Varas la última vez que se encontraron.
Sintió que perdía sus facultades,
a juicio de su viuda una exageración porque
había sido operado del glaucoma con éxito.
... A máquina, inagotablemente; sus dedos
estaban deformados. Trabajaba en casa, se levantaba
temprano y cuando su esposa e hijos despertaban
ya había escrito algún cuento, recuerda
José Miguel Varas.
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Gracias a su primer libro de poesía Balada
para la Ciudad Muerta (1947) consiguió
la amistad de Neruda, quien lo prologó.
Al quemar los ejemplares que publicó con
ayuda del poeta, se produjo el distanciamiento.
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Su gran proyecto literario fue El Panorama ante
Nosotros, del que se desprende casi toda su obra
poética. Sólo alcanzó a publicar
el primer tomo en 1969.
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De vuelta del exilio publicó un extenso
reportaje sobre los sicópatas de Viña
del Mar, en Revista Hoy. Trabajó varios
años con Don Francisco, a cargo de las
historias policiales. Más tarde hizo la
biografía de Mario Kreutzberger, ¿Quién
Soy Yo?. A pesar de esto, le costó generar
ingresos estables y no encontró un espacio
propicio para su obra. Se situó en la marginalidad
y la depresión le ganó la partida.
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Se casó cinco veces y tuvo la misma cantidad
de hijos. Su última compañera, Ceidy
Uschinsky ha dado la batalla por el reconocimiento
de su literatura.
La
poesía de Alfonso Alcalde ha pasado silenciosa
(más que la de Arenas, al menos) por los
años, pero no sin resonancias, especialmente
en poetas de generaciones posteriores.
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Hoy en el lugar en que se mató funciona
la "Casa de Arte Laberinto", donde se
realizan exposiciones y recitales de poesía.
Acaban de exponerse sus collages, faceta desconocida
de su prolífica creación. El libro
publicado por Cuarto Propio es el número
33. La viuda tiene siete inéditos - entre
poesía, narrativa, canciones y un manual
para hacer collage -, que buscan editor.
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Sus restos se encuentran en el cementerio de Tomé,
frente al mar. Como escribe en un cuento, tenía
la secreta esperanza de que su cuerpo fuera a
dar al oceáno. Algo usual en aquel moridero,
las lluvias arrastran tumbas y cadáveres.
Quería volver a navegar, ese era su deseo.
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Actualmente en librerías sólo se
encuentra la antología de poesía
que sacó LOM, Siempre Escrito en el Agua
(1998) y Alfonso Alcalde en Cuento, editado por
Ceidy en 1992.
Por Lucho Falucho
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