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-- Protesta Estudiantil 1873 --
"Los alumnos del Instituto Nacional protestan
con toda enerjía de que son capaces,
contra el criminal cuanto injustificable atentado
perpetrado en nustras personas, en la noche
del domingo último, por los sayones de
la autoridad. No nos es posible dejar en silencio
un acto semejante, a fin de que la ciudad de
Santiago i la República entera tengan
en conocimiento de él; que revela en
sus autores instintos los mas atroces i brutales
i que importa para el pueblo que lo pèrmite
una lastimosa decadencia moral.
No era posible permanecer por mas tiempo
indiferente ante el despotismo hipócrita
del ministro Cifuentes. Era necesario, de toda
necesidad, darle una alta lección de
desprecio de parte de los mismos jóvenes
a quienes él creia sumisos a sus trocidos
manejos; pero el ministro Cifuentes, tan pobre
de dignidad como lo era de carnes el rocin de
don Quijote, a pesar de presenciar lo pacífico
de nustra manifestación, ordenasablearnos,
colocándose con este proceder malvado,
para todo hombre que no haya perdido el sentimiento
del honor, en la alternativa de un loco o un
infame.
No es el ministro Cifuentes, que para verguenza
de la República desempeña el ministerio
de instrucción pública, no son
los afilados sables de sus guardias pretorianas
los que sofoquen la voz de nuestro derecho,
el grito de nustra dignidad ofendida; escudados
por la éjida inquebrantable de nuestra
soberanía, resistiremos los abusos i
atentados del primero i opondremos nuestros
echos, si necesario fuera, al relucir de estos
últimos.
El ministro Abdón Cifuentes lleva para
siempre sobre su frente una marca de horrror
i de infamia que lo presentará como el
más despreciable de los hombres."
Protesta de los estudiantes del Instituto Nacional.
Santiago, Junio 17 de 1873.
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“...Y
es que resulta realmente duro para un chiquillo,
que comienza a transformarse en adulto,
ir tomando conciencia de la cruda realidad.
Es una bofetada en mero rostro, una aguda
patada en el traste y que parece rasgar,
de una ves por todas, la tierna infancia
que, definitivamente, se ha quedando atrás.”
Y pensar que esa piedra furibunda y pelada,
lanzada así de sencilla contra la
perruna cara del gobierno, llevaba la pendeja
ira de un grupo de chiquillos que, ingenuamente,
creían hacerle daño a los
basamentos del poder. Porque realmente creíamos
que, enfrentándonos con piedras y
palos a la jauría blindada que soltaban
por las calles, le haríamos alguna
mella al gobierno o a los oscuros sectores
del poder. A
esa edad, cuando sólo te falta
el olor para ser una mata de perejil,
o las plumas para volar como un jilguero
soñador, las injusticias sociales
comienzan más temprano que tarde
a cerrar las grandes alamedas y a oscurecer
el futuro esplendor de la chiquillada
estudiantil.
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No
te das ni cuenta del preciso momento en
que los programas infantiles ceden terreno
a los noticiarios y te vas a la cama con
una pequeña molestia, apesadumbrado
por alguna noticia que pesó extrañamente
en la tierna conciencia que comienza a
despertar.
La
depresión de un principio se va
transformando en una ira reprimida, una
rabia soterrada que sube por las manos
y se materializa en una dura piedra que
si le apuntamos con certeza y andamos
con suerte, ira a estrellarse en la no
menos dura cabeza de un paco. Y luego,
a correr por las calles, porque es allí
donde se desarrolla toda esta escaramuza.
Este es el cuadrilátero escogido
para agarrarse a coscachos con algún
‘responsable’ (o al menos
con cara de serlo) de esta poco atractiva
realidad, una realidad que acota salvajemente
el horizonte de nuestras vidas y que,
querámoslo o no, comienza a ponernos
en sendas que se distancian rotundamente
de otras realidades, pero que conviven
cómodamente en el mismo terruño.
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