-- ACERCA DEL SINDICALISMO--


"El desarrollo del sindicalismo en la historia de Chile tiene que ver con el proceso de democratización progresiva de la sociedad chilena, expresado en el mejoramiento de la calidad de vida de las clases sociales más postergadas y la obtención de conquistas sociales, el crecimiento de los partidos de izquierda, el reconocimiento constitucional por el Estado del Movimiento Sindical y la creación de una amplia legislación laboral, producto de la labor parlamentaria en algunos casos y, en otros, de la respuesta de los actores políticos a la movilización de masas. No obstante, el proceso de crecimiento y reflujo de la actividad sindical ha sido dependiente también del modelo económico global, de las políticas del Estado, de las fases de la economía y del grado de dependencia de la economía chilena. Políticamente, las fases de crecimiento y contracción de la actividad sindical tienen que ver con las políticas sindicales de los gobiernos.”

“En Chile han existido tres vías identificables por las cuales los trabajadores se han representado orgánica y jurídicamente ante el Estado: El anarcosindicalismo, el mutualismo y el sindicalismo. La primera tendencia se identificó con las Sociedades de Resistencia, la segunda con las Uniones y Sociedades de Socorros Mutuos, y la tercera con los Sindicatos.”

“En efecto, el sindicalismo ha sido el modelo de agrupación laboral que se ha impuesto sobre otras formas, aglutinando mayoritariamente a los trabajadores y sus reivindicaciones, ante el Estado, los dueños de los medios de producción, la clase política, los gobiernos y los grupos de poder. El papel de canalizador del movimiento de los trabajadores asignado al sindicato y al movimiento sindical se origina en la capacidad de sus efectivos de pensar las políticas del Estado como la puesta en práctica de las demandas de sus asociados; en otras palabras, del imperativo irrenunciable de pensar y proponer otro país posible.”


El movimiento sindical chileno del siglo xx hasta nuestros días (extracto).
Victor Ulloa Zambrano.
2003, Oficina Internacional del trabajo.





 
 
   

 
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El movimiento sindical en Chile surgió como herramienta para luchar por el mejoramiento de la calidad de vida de las clases mas postergadas y para pensar y proponer un mejor país.



Los Comienzos

A comienzos del siglo XX, las condiciones laborales de los trabajadores chilenos eran precarias, hasta 1914 solamente se habían aprobado dos leyes laborales: El Consejo de Habitaciones Obreras y la Ley del Descanso Dominical. Pero las raíces de la llamada “Cuestión Social” eran anteriores a la Guerra del Pacífico. Después de ésta, las contradicciones entre ricos y pobres se hicieron evidentes y ofensivas, agudizándose los conflictos en la primera década del siglo XX. Es así como los mineros y trabajadores urbanos comenzaron a protestar en pro de mejoras salariales, laborales y previsionales realizando las primeras huelgas. La movilización de los trabajadores contaba ya con una base organizacional previa.

En los comienzos del siglo XX aparecen los sindicatos de trabajadores. En algunas ciudades, como Iquique, los sindicatos establecieron alianzas con las mutuales dando origen a las mancomunales.

Entre 1890 y 1915 entre huelgas generales, parciales, mitines, manifestaciones e incidentes hubo 78 actos de protesta, estimándose que solamente entre 1902 y 1908 hubo 200 huelgas. El 50% de estas huelgas se produjo en la zona salitrera y en Santiago. Dependiendo de la magnitud del movimiento huelguístico es que los gobiernos parlamentarios intervinieron a través del ejército y la armada. La represión cobró cientos de vidas. Aproximadamente 100 muertos en Valparaíso, en 1903, con ocasión de la huelga de los estibadores de la Pacific Steam Navegation Company; 200 víctimas en Santiago, en 1905, con ocasión de la Huelga de la Carne. El episodio más brutal ocurrió el 21 de diciembre de 1907 en la Escuela Santa María de Iquique. Hubo varios cientos de muertos.

En los años inmediatamente posteriores a la masacre de Iquique, el movimiento sindical experimentó un retroceso hasta aproximadamente 1916. En ese lapso solamente las tendencias mutualista y anarcosindicalista mantuvieron sus cuadros operativos. Especial mención merece en esta fase la labor de Luis Emilio Recabarren, quien en 1906 fue elegido diputado por Tocopilla, pero, al negarse a prestar el juramento oficial, sus pares lo excluyeron del hemiciclo. En junio de 1912 rompió con su antiguo Partido Democrático y fundó el Partido Obrero Socialista (POS).

Después de 1917 hubo un fuerte crecimiento de los sindicatos y de las huelgas: 130 entre 1917 y 1920. En 1919 se creó la división chilena de la International Workers of the World (IWW). De mayor importancia fue la Federación de Obreros de Chile (FOCH), organización mutualista fundada en 1909, pero que, en 1919, bajo la conducción de Recabarren, era socialista.

Entre 1916 y 1925 hubo 758 huelgas, el 36.4% de ellas debido a salario y el 15.7% por motivos sindicales. El aumento en el número de huelgas tiene que ver con la diversificación industrial y el crecimiento de la masa asalariada. A lo anterior se suma el aumento cuantitativo y cualitativo de las organizaciones de los trabajadores. En 1921 las mutuales constituyeron la Confederación Nacional Mutualista, llegando a tener registrados 100 000 afiliados. En el mismo año, las mancomunales agrupadas en la FOCH totalizaban 80 000 asociados y un nutrido proceso de convenciones y afiliaciones a otros organismos, logrando en 1921 la afiliación a la Internacional Sindical Roja de Moscú. En ese período el POS fue el partido con mayor influencia sobre la FOCH. En 1922 el POS se transformó en el Partido Comunista.


El período 1924 a 1932 marca la transición entre el parlamentarismo y el presidencialismo. Antes de poner en vigencia la Constitución de 1925, la clase política y los grupos hegemónicos aceptaron practicar algunas reformas por la vía de la imposición obligatoria y sin discusión parlamentaria, porque era la única manera de salir de la crisis nacional. Una de ellas fue la creación del Banco Central. Entre la dictadura de Ibáñez y la República Socialista se decretaron reformas y códigos largamente esperados y se introdujeron cambios conversando con las bases gremiales, por ejemplo, en 1931, se dictó el Código Laboral.

La dictadura de Ibáñez exilió a líderes partidistas de todas las clases sociales, persiguió y encarceló a dirigentes sindicales y clausuró locales y periódicos de las organizaciones obreras. No obstante, la represión sindical fue selectiva porque también se potenció un sindicalismo paraestatal, creándose la Confederación Republicana de Acción Cívica de Obreros y Empleados (CRAC) que recogía a elementos provenientes del mutualismo, la Unión de Empleados de Chile (UECH) y del Congreso Social Obrero.

Con el retorno a la normalidad democrática en 1932 se tolera la formación de sindicatos, pero se mantiene la prohibición de huelga, no obstante algunas manifestaciones en 1932, 1934, 1935 y 1936, especialmente de los profesores primarios y los ferroviarios. En 1936 se constituye la Confederación de Trabajadores de Chile como consecuencia de la huelga ferroviaria de ese año.




El gran paso.

A partir de 1932 se produce una alianza entre la izquierda parlamentaria y el movimiento sindical, perfilándose que la creciente autonomía electoral apoya a la izquierda y potenciándose los sindicatos. Los vínculos entre el movimiento sindical y los partidos de izquierda serán un asunto de primera magnitud a contar de 1938.

Luego de su estrecha victoria en las elecciones presidenciales de 1938, el Frente Popular asume la conducción del gobierno. Pese a que los líderes sindicales no obtuvieron puestos de importancia en el nuevo gobierno, el movimiento creció en decenas de miles de nuevos asociados y se empezó a producirse una rápida institucionalización del mismo y de los trabajadores. Mientras el PC denegó participar en los puestos de mayor importancia, el PS aceptó algunos ministerios.

En 1938 los sindicatos más antiguos reconquistan el derecho a huelga. A contar de ese momento sobreviene un período de gran actividad sindical, se suceden 202 huelgas entre diciembre de 1938 y diciembre de 1945, siendo en la minería donde se produce la mayor cantidad de movilizaciones. Esto demuestra la emergencia de un nuevo tipo de sindicalismo inserto en la mayor extensión del desarrollo industrial y en el modelo de capitalismo estatal, la tolerancia hacia la sindicalización y en la influencia recíproca entre base sindical y partidos de izquierda.



Creación de la Confederación de Trabajadores de Chile (CTC).

Fundada en 1936 en el contexto de la huelga ferroviaria, en diciembre de ese año las antiguas centrales obreras no obstruyeron la unificación en torno a la CTCH. Ésta organización será la entidad sindical más importante, tanto por los condicionamientos organizacionales a las que se vio sometida como por las demandas y tipos de acción que emprendió.

La CTCH se mantuvo fiel en su apoyo al Frente Popular, sin embrago, es esta alianza la que finalmente conducirá a que la CTCH se divida en 1946. Las razones tienen que ver con el papel de bisagra que la CTCH desempeñó durante los gobiernos del Frente Popular. Por una parte, estaba el programa de gobierno y, por otra, la pugna entre tendencias ideológicas diferentes respecto del tratamiento y la definición de los trabajadores ante coyunturas como las huelgas, la inflación, el contexto internacional. En el fondo, la lucha ideológica entre socialistas y comunistas apuntaba al direccionamiento del movimiento sindical. Mientras los comunistas apoyaban la incorporación al Frente Popular de la burguesía desarrollista, los socialistas pugnaban por la definición de un frente único. Esta disyuntiva tenía que ver con la definición del contenido de la lucha de clases entre ambos partidos. Mientras el PS podía apoyar las huelgas, el PC replicaba que en el contexto global era más importante la lucha antifascista.


La formación de la CUT

La Ley dictada en 1948 por el gobierno de Gabriel González Videla , también conocida como la Ley Maldita, autorizó la persecución, encarcelamiento y deportación de los líderes comunistas. Se abre así un período de selectiva represión sindical específicamente hacia los sindicatos comunistas.

En el período 1946-1953 se fundaron numerosas organizaciones sindicales de obreros y empleados. Este lento proceso de agrupación sindical condujo a la formación de la CUT. Con anterioridad, en 1943, se había fundado la Agrupación Nacional de Empleados Fiscales ANEF; en 1944, la Federación de Educadores de Chile FEDECH; en 1945, la Agrupación de Empleados Semifiscales ANES; en 1948, la Junta Nacional de Empleados de Chile JUNECH y la Confederación de Empleados Públicos de Chile CEPCH; en 1950, la Federación Obrera Nacional del Cuero y del Calzado, el Movimiento Unitario Nacional de Trabajadores MUNT y el Comité Relacionador de Unidad Sindical; en 1951, el Movimiento de Unidad Sindical MUS y, en 1952, el Comité Nacional de Federaciones CONAF. La mayor parte de estas organizaciones se congregó en la Comisión Nacional de Unidad Sindical CNUS el 23 de septiembre de 1952, siendo la CNUS el antecedente orgánico directo de la Central Única de Trabajadores.

Este proceso a partir del quiebre de 1946 ocurrió en paralelo a la crisis de la coalición gobiernista del Frente Popular. La ruptura del Frente Popular se traduce en el momentáneo término de las concesiones salariales hechas por el Estado a los trabajadores. Otro cambio consiste en la eliminación del derecho a huelga con la Ley de Defensa Permanente de la Democracia. Como contrapartida, es esta selectividad en el trato de los gobiernos con la actividad sindical lo que explica el movimiento de unidad sindical que desembocó en la formación de la CUT. De hecho, entre 1952 y 1954 se iniciaron los primeros contactos gobierno-organizaciones sindicales. Esto se tradujo en la dictación de algunas medidas como el salario mínimo agrícola en 1953 y el salario mínimo industrial en 1956, la creación del Servicio de Seguro Social y del Servicio Nacional de Salud.


Cambio Estructural.

El giro hacia la derecha y el reformismo que experimentó durante la década del 50 en la sociedad chilena implicó la agudización de los conflictos sociales. Al igual que en las dos primeras décadas del siglo XX el movimiento sindical chileno se planteó en una oposición estructural al gobierno, pero esta vez con una ventaja cualitativa y cuantitativa: una sola “macrosindical” que conduciría las reivindicaciones de sus asociados.

El paro general realizado el 7 de julio de 1955 constituye un hito en el movimiento sindical. Uno de sus antecedentes fue una campaña organizada por la CUT en pro de una bonificación a todos los trabajadores como medio de paliar los efectos de la inflación sobre el poder adquisitivo. Esta acción congregaría a todos los sindicatos, contando con la adhesión tanto de sindicatos de obreros como de empleados. Los objetivos de este movimiento incluían peticiones económicas, previsionales y políticas, como la derogación de la Ley de Defensa Permanente de la Democracia. En el Memorándum elevado al Ejecutivo la CUT le expresaba la necesidad de realizar un proceso de redistribución de la renta nacional como primera medida de fondo hacia un cambio sustancial en la estructura del régimen económico. El modo de financiar el cambio (planteaba la CUT) era sacar los recursos con cargo a las utilidades y ganancias gravando con impuestos directos, fundamentalmente a los monopolios y al latifundio.Aunque en esta conyuntura la CUT se interesaba por el problema del costo de la vida su discurso totalizador prefiguraba ya un proyecto global de país. No obstante el contexto de fondo que rodea al paro de 1955, la solución pacífica operó por la vía del diálogo en comisiones. Esto dejó en evidencia una de las tácticas del movimiento sindical desde 1953 al menos hasta 1970.

Durante la década de 1960 la huelga no tuvo puntos de comparación con su evolución anterior. Desde 1954 hubo una huelga por año y dos entre 1960 a 1964. Con la llegada de la Democracia Cristiana al Ejecutivo empezó la sindicalización campesina. Por actividades económicas, entre 1960 y 1969 en la agricultura hubo 1972 huelgas; en la minería 753, y en la manufactura 2 330. Pese a lo grueso de los datos, son los sindicatos industriales los que lograron movilizar a la mayor cantidad de trabajadores en conflicto, tanto en las huelgas legales como ilegales. El contexto en que se desarrollaron estas huelgas tiene características comunes. Tanto el segundo gobierno de Ibáñez como el de Jorge Alessandri fueron refractarios a las demandas de los trabajadores, específicamente en el tema de los aumentos salariales. Mientras Ibáñez, con apego a la Ley 8 987 (ley maldita), procedió a la relegación de dirigentes, Alessandri aplicó la Ley de Seguridad Interior del Estado.

El programa de Frei se centró en la instauración de reformas estructurales básicas, como el proceso de Reforma Agraria y la participación chilena en la Gran Minería del Cobre (GMC). No obstante, la percepción de los trabajadores sobre el gobierno de Frei es una mezcla de reconocimiento y decepción. A pesar del notorio y sostenido crecimiento de los salarios reales, el número de huelgas aumentó en forma considerable. Uno de los puntos de ruptura entre el gobierno y los sindicatos fue el plan propuesto por el entonces Ministro de Hacienda, Sergio Molina, en orden a colocar en un fondo de inversiones el aumento del 5% que anualmente recibirían los sueldos y salarios. Los empleados percibirían el 5% retenido en forma de bonos, pero también prescindirían del derecho a huelga por un año. El Plan de los “Chiribonos” fue rechazado. La CUT realizó una huelga general de un día en la cual cuatro trabajadores y un niño fueron asesinados por la policía.

La influencia de la Democracia Cristiana entre los trabajadores se demostró en que durante su gobierno entró a disputarle a la CUT y a los partidos de izquierda el control de los sindicatos por la vía de la dictación de una ley presentada por el Ministerio del Trabajo: la ley de sindicalización libre. Durante este período se intentó organizar tres centrales paralelas a la CUT: el Comando Nacional de Trabajadores, el Movimiento Unitario de Trabajadores de Chile y la Unión de Trabajadores de Chile. Esta última organización fue incluso rechazada por el departamento sindical democratacristiano, dada su manifiesta inclinación hacia la derecha. Esto reveló las profundas discrepancias al interior de la Democracia Cristiana respecto de las cuestiones de fondo, entre ellas, los temas sindicales. El paralelismo fracasó. A fines de 1969 se firmó un histórico acuerdo CUT-Gobierno, tendiente a establecer una política de remuneraciones para 1970.



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