Quien
dijera que es justo y necesario buscar una fórmula
que permita una salida soberana de Bolivia al
océano por el territorio chileno se expondría
al descrédito de ser acusado de antipatriota
y tendría que soportar la andanada de los
poderes fácticos, para los que resulta
un gran negocio mantener a Chile y sus vecinos
en una permanente tensión.
Visión general
El tema de las relaciones entre los países
latinoamericanos se ha tornado en el ultimo tiempo
en un tema central para Chile, principalmente
en materias económicas dado que nuestro
país se ha transformado en un importante
referente, peleándole el liderazgo a Brasil
y a Argentina para ser considerado la cara de
Latinoamérica hacia el resto del mundo.
Sin
embargo, Nuestro País viene arrastrando
problemas limítrofes con sus vecinos
desde hace mas de un siglo. Con Perú
y Bolivia tuvimos una guerra en 1879 y con Argentina
casi tuvimos una en (1976), y posteriormente
se han negociado algunas soluciones, buenas
o malas, eso es tema para otro reportaje.
El
problema territorial que existe entre Chile
y Bolivia, que se arrastra desde la guerra del
pacifico ha desarrollado diversas aristas desde
el tratado firmado entre los dos países
en 1904. Al deseo de Bolivia de volver a tener
cualidad marítima contrapuesto a la intransigencia
de Chile a través de los años,
se le suman la imposibilidad de mantener relaciones
bilaterales debido a la creciente ingobernabilidad
que se presenta en Bolivia y a la polarización
de las posiciones en ambos países expresado
en la soberbia e intransigencia del gobierno
Chileno y sus componentes.
La
solución del conflicto pasa por varias
formas posibles de negociación, entre
ellas: multilateralidad, bilateralidad y en
esta última, bilateralidad con la mediación
de un tercero.
La
situación interna de Bolivia, de poca
institucionalidad e ingobernabilidad, hace que
sea muy difícil llegar a acuerdos, teniendo
presente las hipótesis que dicen que
el anhelo marítimo es utilizado como
medio de cohesión en medio del caos interno
boliviano, pueden no estar tan alejadas de la
realidad. Además el problema del mar
no soluciona los problemas de Bolivia, que son
mucho más profundos, entonces, a pesar
de un posible acuerdo, la comunidad internacional,
inclusive Chile, no puede cerrar los ojos ante
esta realidad. Esto es una variable fundamental
en la solución del conflicto. Un tratado
entre las partes legitimado por las Naciones
Unidas, haría que ante el mundo por lo
menos, la situación estuviera resuelta
y Chile estaría en cierta medida tranquilo,
pero esto debe ir acompañado de un programa
de desarrollo para Bolivia.
Quizás
la tarea principal de un mediador será
la de abrir el diálogo. Eso será
lo fundamental. Puede que el tema siga pendiente
varios años más, pero lo fundamental
es que se empiece a dar una instancia de diálogo,
de que las partes se conozcan. Un gran problema
en el conflicto es que hay una clara incomunicación
y error de percepciones entre las partes. Por
lo menos que el tema se discuta entre ambos
países. Quizá allí se posibilite
el diálogo. Otro punto a considerar,
es que necesariamente esto necesita de la evolución
tanto política, como económica
y social de Bolivia.
Para
finalizar, y muy enlazado con lo anterior hay
que plantear el tema de la integración,
que puede y debe incluir la económica,
pero debe ir más allá. La solución
del conflicto se cruza de manera fundamental
con este tema. Aparte de la integración
económica, que ha sido la desarrollada
en parte hasta ahora, hay que lograr integrar
a ambos países. El acuerdo a firmar,
además de zanjar la cuestión del
mar, debe abocarse a este tema. A cómo
Chile puede beneficiar a Bolivia de otras maneras
que con el mar, y de cómo ambos países
pueden ayudarse mutuamente, más allá
de lo económico. Un TLC con Bolivia no
sirve de mucho, si a la hora de funcionar éste,
Bolivia se ve invadida de productos chilenos.
Esto pasa naturalmente porque Bolivia no cuenta
con la capacidad de competir en muchos ámbitos
con Chile. Por lo tanto, además de los
acuerdos económicos, que deben contemplar
las desventajas de Bolivia en algunos aspectos,
deben haber programas tanto chilenos como internacionales
encargados de ayudar a Bolivia en otras áreas
(social, política, cultural, etc.).
Algunos puntos claves
Para entender el conflicto es necesario mirarlo
desde varias perspectivas. El conflicto de Chile
y Bolivia pasa por varios problemas. Entre ellos:
La política internacional chilena centrada
en obtener tratados económicos con las
grandes potencias y el abandono por parte de
Chile de la política regional. Los problemas
internos de Bolivia, ingobernabilidad y caos,
que desembocan en la imposibilidad de tener
relaciones normales y acuerdos confiables. La
historia de pérdida constante de Bolivia
de sus recursos naturales, lo que ha desembocado
en un sentimiento nacional de “robo”
por parte de las grandes potencias extranjeras.
La asimetría de las relaciones chileno-bolivianas,
dados los diferentes índices de desarrollo
de ambos países. La necesidad de encontrar
soluciones para ambos países. Ni a Chile
ni a Bolivia le es indiferente lo que sucede
en la región y a sus vecinos, dada la
interdependencia que se produce naturalmente
entre países colindantes y la imposible
abstracción del lugar geográfico
en que un país se encuentra.
Algunos datos que hablan por sí solos
1) Alfabetización
Chile: 96.2%
Bolivia: 87.2%
2)
Tasa de mortalidad infantil
Chile: 8,88 cada 1.000 nacidos vivos.
Bolivia: 56,05 cada 1.000 nacidos vivos.
3)
Ingreso PIB per cápita (corregido PPP)
Chile: 10.100 dólares.
Bolivia: 2.500 dólares.
4) Población bajo el índice de
pobreza
Chile: 21 % (est.1998).
Bolivia: 70% (est. 1998).
5)
Exportaciones
Chile: 17.800 millones de dólares FOB
(est. 2002).
Bolivia: 1.300 millones de dólares FOB
(est. 2002).
6)
Usuarios de Internet
Chile: 3.1 millones (est. 2002).
Bolivia: 78 mil (est. 2000).
(Fuente: Chile y Bolivia a los
ojos de la CIA. Capital, 126, 30-31.)
Las
reivindicaciones marítimas de Bolivia
Desde
1910 se fue gestando en Bolivia un movimiento
que impulso la búsqueda de una salida
al mar para dicho país mediterráneo.
En 1920, Bolivia pidió en la liga de
las naciones la revisión del tratado
de 1904, sin éxito alguno. Por ello,
la cacilleria de dicho país optó
por gestionar directamente, en varias oportunidades
a partir de 1923, la revisión del tratado
y, mas tarde, la obtención de un corredor
o de un enclave. Testimonio de lo anterior fue
la negociación en que le cupo intervenir
al ministro de relaciones exteriores de Chile
Horacio Walker Larrain, en 1950. Las aspiraciones
marítimas esgrimidas con pertinacia por
todos los gobernantes del altiplano, enfriaron
sensiblemente los vínculos Chileno-Bolivianos;
por ultimo, el uso por Chile de parte de las
aguas del Lauca, río que muere en el
lago Coipasa (Bolivia) ,produjo en 1962 la ruptura
de relaciones diplomáticas. Reanudadas
estas en 1975, se iniciaron conversaciones en
torno a un corredor hacia el pacífico
para Bolivia. Una nueva ruptura de relaciones,
en 1978, canceló esas negociaciones.
Alcances del conflicto
Quien
dijera que es justo y necesario buscar una fórmula
que permita una salida soberana de Bolivia al
océano por el territorio chileno se expondría
al descrédito de ser acusado de antipatriota
y tendría que soportar la andanada de
los poderes fácticos, para los que resulta
un gran negocio mantener a Chile y sus vecinos
en una permanente tensión. Así
resulta más fácil convencernos
de la necesidad de adquirir y modernizar aviones,
tanques y submarinos, los cuales dejan cuantiosas
comisiones a quienes hacen lobby o se involucran
de una u otra manera en estas operaciones.
Un
tercio de siglo atrás un parlamentario
DC tuvo la audacia de proponer la devolución
del acorazado Huáscar al Perú
en un gesto de reconciliación y buena
voluntad. Se armó una batahola impulsada
por una caterva de individuos siniestros que
siempre se las dan de grandes patriotas, pero
que tienen, en verdad, una concepción
chata y vil de lo que es la Patria. La confunden
con una serie de episodios militares que significaron
actos de barbarie e insensatez, con grandes
pérdidas humanas y materiales; o la asocian
a grupos de huasos y chinas más falsos
que Judas bailando cueca; la asimilan a la bandera
y el escudo, creen que se agota en las empanadas
y en el vino tinto, o la vinculan a ciertos
paisajes idílicos, sin percatarse, que
poco queda de ellos porque por décadas
y siglos algunos truhánes han explotado
en forma inmisericorde y torpe nuestras riquezas
naturales, contaminándolo y depredándolo
todo.
Otros
que se dan ínfulas de patriotas, no tuvieron
escrúpulos de vender durante el régimen
militar una serie de importantes activos de
Chile a capitalistas extranjeros, repitiendo
lo que hicieron nuestros gobiernos tras la guerra
del Pacífico, quienes entregaron a vil
precio a los ingleses lo que miles de chilenos
habían conquistado a sangre y fuego en
la inmensidad del desierto. En general, los
que hacen gárgaras con su chilenidad
tienen una concepción burdamente materialista
de la Patria, que se queda en el territorio
y los recursos naturales, pero que rara vez
toma en cuenta a las personas, a quienes han
nacido o viven en el territorio. Entonces rasgan
vestiduras porque en una negociación
con un país vecino se sacrificaron supuestamente
algunos kilómetros cuadrados, alegando
que ellos habrían preferido sacrificar
a centenares de jóvenes con tal de defender
esos lotes. Es decir, las vidas humanas son
más valiosas que un pedazo de terreno,
que después igual se entregará
a la voracidad de empresarios que lucren de
tal activo.
Chile, Responsabilidad principal
Está claro que Chile es un país
de mayor peso y desarrollo que Bolivia, aparte
de que fue el triunfador en la guerra. Siempre
el que tiene más o es más, afronta
mayores obligaciones que la contraparte. Así,
por ejemplo, Estados Unidos encara una responsabilidad
mucho mayor que Cuba en el arduo proceso de
mejoramiento de las relaciones entre ambos pueblos,
aparte de que el primero ha sido el constante
agresor de la isla caribeña. Por eso,
la postura del ex presidente Jimmy Carter, quien
visitó hace poco la isla, es impecable
desde el punto de vista ético e intelectual,
y deja como enano al actual ocupante de la Casa
Blanca, George Bush.
En
consecuencia, a nosotros nos corresponde hacer
el fuerte en un acercamiento a Bolivia que debe
contemplar, más temprano que tarde, una
salida soberana al Pacífico. Es inviable,
por cierto, retrotraer las fronteras nacionales
a la situación imperante hace un siglo
y medio. Pero tampoco tiene presentación
que un país con más de cuatro
mil kilómetros de costa, no pueda ceder
un corredor y un puerto a través del
cual los bolivianos se reencuentren con el mar.
Menos todavía tras la suscripción
del celebrado acuerdo entre nuestro país
y la Unión Europea, que nos obligará
a compartir las 200 millas marinas de nuestras
costas que hasta ahora habían sido exclusividad
para embarcaciones con bandera chilena.