Para salir del empacho fuimos a conocer “El Hoyo”,
y nos encontramos con un sitio de fachada remozada, que
en su interior tiene un aire antiguo; aunque por lo que
nos contó un buen anfitrión, don Enrique Marambio
(mozo hace 15 años), en sus primeros días
“El Hoyo” tenía una profundidad de tres
metros, con el piso de tierra; era un emporio, donde se
vendía copete camuflado entre carbón y leña.
Después , la misma gente del barrio y trabajadores
del ferrocarril se fueron haciendo de un lugar donde comer
durante sus horas libres. De esta manera
se fue desarrollando hasta hoy para convertirse en una picá,
que en su original menú ofrece terremoto y lengua
del Hoyo con agregado, de este último, dice Enrique
Marambio, siempre salen buenas tallas que los turistas,
mayormente franceses no entienden, pero por el contrario
los faranduleros del “Che Copete” y “Palta
Meléndez”, se mueren de la risa (cagan de la
risa)
Aparte de muchas anécdotas “El Hoyo”
se jacta de haber sido en donde se originó el trago
del terremoto, obra de un gringo, que en el año 1985
encontró que su pipeño estaba muy tibio y
mandó pedir hielo; como no había y ante la
demanda del extranjero, fueron al supermercado mas cercano
y lo único que encontraron fue helado de piña,
ésta famosa mezcla alcanzo tanta fama que incluso
hay una replica.