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Para
la moral cristiana más tradicional, al
menos, la propiedad privada se subordina al derecho
que tiene cualquier ser humano que viene a este
mundo al uso de los bienes indispensables. Para
la moral mercantilista, en cambio, sólo
tienen derechos los que pueden comprar. Pero los
pobres de la “toma” no han podido
comprar porque el mercado les paga sueldos miserables,
los despide si se quejan, los recontrata aterrados
y les exige trabajar horas extras y días
extras como si no fueran extras.”
- Jorge Costadota, capellán
de la capilla católica de la toma de Peñalolen
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Los comienzos
La
historia muestra que la lucha por la vivienda
ha sido desde los comienzos el gran impulsor para
los pobladores.
La vivienda constituye para el hombre aquel lugar
sublime en cual encuentra el descanso y el amor
de la familia.
La problemática relacionada con la vivienda
está presente desde las fundaciones de
cada una de las ciudades de nuestro país;
Segregando a aquellos de menor poder adquisitivo
a vivir siempre en las periferias o en las espaldas
de la ciudad.
En Santiago ,nuestra ciudad capital, el problema
de la vivienda se hizo evidente a raíz
de la modernización de nuestra sociedad
a mediados del siglo diecinueve.
El auge económico y la apertura a la que
se vio expuesta la economía de nuestro
país desde la década de 1840 hicieron
que las estructuras sociales cambiaran profundamente.
El gasto público tuvo un considerable incremento
y las obras públicas eran la actividad
en que más se notaba la mano del estado.
La creación de la Quinta Normal de Agricultura
y del Campo de Marte abrieron la brecha para el
loteo de los terrenos que existían entre
estos y los márgenes de la ciudad histórica,
pues estas experimentaron una importante alza
de valor y en ellos se establecieron las clases
media, media alta y alta. Todo lo anterior tuvo
la particularidad de coincidir con otra obra del
estado, como lo fue la transformación efectuada
en la década de 1870.
Desde esta fecha comienza aflorar con fuerza un
factor, “la renta del suelo o renta de la
tierra”, es decir la manera en que la tierra
según el modo de ver capitalista se convierte
en una mercancía, adquiriendo además
de su valor de uso, un valor de cambio.
A las ya tradicionales barriadas establecidas
en los márgenes del Mapocho , en menor
medida en las que se ubicaban en la actual plaza
Baquedano y en el borde sur de Santiago se agregaron
otras muy miserables como el “potrero de
la muerte” ubicabo desde la actual Avenida
Matta al sur , “ Chuchunco” nacida
junto a la Estación Central extendiéndose
hacia el poniente, y finalmente las que ubicaron
hacia el norte de la ciudad, “ El Guangualí”
en el costado sur del Mapocho y al norte del mismo,
las poblaciones “El Arenal” y “Ovalle”
levantadas entre las actuales calles Independencia
y Vivaceta.
Todas estas poblaciones, debido al sistema de
renta de la tierra proporcionaban un gran ingreso
a los dueños de los terrenos. Es así
como los organizadores de los establecimientos
poblacionales más pobres de la ciudad estaban
directamente vinculados a las familias más
poderosas y a quienes ostentaban el poder del
estado.
El problema de vivienda continuó las décadas
siguiente, agravándose aún más
en la primera década del siglo XX debido
a que entre 1907 y 1960 emigraron hacia Santiago
casi un millón de personas.
El
movimiento de pobladores
Este
movimiento comienza a manifestarse en la década
de 1920 con la creación de la Liga de Arrendatarios
de cités y conventillos y posteriormente
con la Asamblea Obrera de la Alimentación.
En 1922 se crea un movimiento en contra del alza
de los arriendos, declarándose un huelga
de no pago. Éste movimiento posteriormente
se vió fortalecido por multitudinarias
movilizaciones, lo que obligó al gobierno
a dictar un Decreto Ley que rebajó en un
50% los alquileres de las viviendas en precarias
condiciones y estableció los Tribunales
de Vivienda.
Debido al crisis mundial de la década del
treinta empezó el éxodo de familias
pobres desde el campo a la ciudad , situación
que mermó la precaria situación
habitacional de Santiago.
Estas familias debieron buscar lugares que estuvieran
a su alcance económico, es así como
los conventillos y cités se convierten
en la única opción de vivir bajo
un techo, siendo éstos, casonas o pasajes
subdivididas en piezas que albergaban un gran
número de familias, su condición
era de continuo deterioro, en el que el hacinamiento
y la falta de higiene conllevo a la justificable
decisión de buscar una mejor solución
para vivir.
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