-- LA MAS EMBLEMÁTICA --


“A las ocho de la noche se empezaron a juntar los más decididos en el lugar acordado. (Con) los tres palos y la bandera, algunos enseres y frazadas, se iba formando la caravana. Se parecía al pueblo de Israel en busca de la tierra prometida: los dirigentes eran los profetas de esos tiempos. La mano de dios estuvo con todos, en el testimonio de muchos cristianos que esa noche integraron las columnas. Ahí estaban el padre del Corro y el pastor Palma, que con su ejemplo dejaban sin equívocos que ellos estaban con los pobres”. Y a continuación agrega la misma pobladora: “Calladitos fuimos llegando a nuestra meta, algunos por (la avenida) Departamental y otros por (la avenida) La Feria: se llegó por los cuatro costados de la chacra La Feria. Con los reflectores del aeropuerto Los Cerrillos y la noche oscura y sin luna, nos sentíamos como los judíos arrancando de los nazis. La oscuridad nos hacía avanzar a porrazo y porrazo. Con las primeras luces del alba, cada cual empezó a limpiar su pedazo de yuyo (yerbajo, yerba inútil), a hacer su ruca e izar su bandera”.



 
 
   

 
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Para la moral cristiana más tradicional, al menos, la propiedad privada se subordina al derecho que tiene cualquier ser humano que viene a este mundo al uso de los bienes indispensables. Para la moral mercantilista, en cambio, sólo tienen derechos los que pueden comprar. Pero los pobres de la “toma” no han podido comprar porque el mercado les paga sueldos miserables, los despide si se quejan, los recontrata aterrados y les exige trabajar horas extras y días extras como si no fueran extras.”

- Jorge Costadota, capellán de la capilla católica de la toma de Peñalolen -


Los comienzos

La historia muestra que la lucha por la vivienda ha sido desde los comienzos el gran impulsor para los pobladores.

La vivienda constituye para el hombre aquel lugar sublime en cual encuentra el descanso y el amor de la familia.

La problemática relacionada con la vivienda está presente desde las fundaciones de cada una de las ciudades de nuestro país; Segregando a aquellos de menor poder adquisitivo a vivir siempre en las periferias o en las espaldas de la ciudad.

En Santiago ,nuestra ciudad capital, el problema de la vivienda se hizo evidente a raíz de la modernización de nuestra sociedad a mediados del siglo diecinueve.

El auge económico y la apertura a la que se vio expuesta la economía de nuestro país desde la década de 1840 hicieron que las estructuras sociales cambiaran profundamente. El gasto público tuvo un considerable incremento y las obras públicas eran la actividad en que más se notaba la mano del estado.

La creación de la Quinta Normal de Agricultura y del Campo de Marte abrieron la brecha para el loteo de los terrenos que existían entre estos y los márgenes de la ciudad histórica, pues estas experimentaron una importante alza de valor y en ellos se establecieron las clases media, media alta y alta. Todo lo anterior tuvo la particularidad de coincidir con otra obra del estado, como lo fue la transformación efectuada en la década de 1870.

Desde esta fecha comienza aflorar con fuerza un factor, “la renta del suelo o renta de la tierra”, es decir la manera en que la tierra según el modo de ver capitalista se convierte en una mercancía, adquiriendo además de su valor de uso, un valor de cambio.

A las ya tradicionales barriadas establecidas en los márgenes del Mapocho , en menor medida en las que se ubicaban en la actual plaza Baquedano y en el borde sur de Santiago se agregaron otras muy miserables como el “potrero de la muerte” ubicabo desde la actual Avenida Matta al sur , “ Chuchunco” nacida junto a la Estación Central extendiéndose hacia el poniente, y finalmente las que ubicaron hacia el norte de la ciudad, “ El Guangualí” en el costado sur del Mapocho y al norte del mismo, las poblaciones “El Arenal” y “Ovalle” levantadas entre las actuales calles Independencia y Vivaceta.

Todas estas poblaciones, debido al sistema de renta de la tierra proporcionaban un gran ingreso a los dueños de los terrenos. Es así como los organizadores de los establecimientos poblacionales más pobres de la ciudad estaban directamente vinculados a las familias más poderosas y a quienes ostentaban el poder del estado.

El problema de vivienda continuó las décadas siguiente, agravándose aún más en la primera década del siglo XX debido a que entre 1907 y 1960 emigraron hacia Santiago casi un millón de personas.



El movimiento de pobladores

Este movimiento comienza a manifestarse en la década de 1920 con la creación de la Liga de Arrendatarios de cités y conventillos y posteriormente con la Asamblea Obrera de la Alimentación.

En 1922 se crea un movimiento en contra del alza de los arriendos, declarándose un huelga de no pago. Éste movimiento posteriormente se vió fortalecido por multitudinarias movilizaciones, lo que obligó al gobierno a dictar un Decreto Ley que rebajó en un 50% los alquileres de las viviendas en precarias condiciones y estableció los Tribunales de Vivienda.

Debido al crisis mundial de la década del treinta empezó el éxodo de familias pobres desde el campo a la ciudad , situación que mermó la precaria situación habitacional de Santiago.

Estas familias debieron buscar lugares que estuvieran a su alcance económico, es así como los conventillos y cités se convierten en la única opción de vivir bajo un techo, siendo éstos, casonas o pasajes subdivididas en piezas que albergaban un gran número de familias, su condición era de continuo deterioro, en el que el hacinamiento y la falta de higiene conllevo a la justificable decisión de buscar una mejor solución para vivir.




 
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