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Esta quema incontrolada de crudo va a aumentar
los gases de invernadero de un modo rápido
e inevitable. Los gases de la quema se repartirán
por todo el planeta, aportando su cuota al aumento
del efecto invernadero y el cambio climático
global.
Dr. César Cerda
Albarracín
Universidad Tecnológica Metropolitana
Departamento de Humanidades
Chile
Constituyen numerosas las cuestiones que se cruzan
con el gran tema que convoca a este VI Congreso
Latinoamericano de Humanidades, en especial a
su parte primera, titulada “El saber tecnológico
y su impacto social, político, económico
y cultural en el contexto de la globalización”.
Mas aún, cuando todavía permanecen
frescas en nuestras retinas, las escenas del impresionante
despliegue tecnológico aplicado por EE.UU.
en su intervención en IRAK. Sus sofisticados
aviones, sus soldados, que más se asemejaban
a seres extraterrestres, sus bombas con tecnologías
aún no difundidas al igual que sus sistemas
de comunicación, todo ello, al servicio
de los intereses del capital transnacional y su
núcleo, el complejo militar industrial,
dirigido a aplastar a un pueblo, que en su territorio
almacena la segunda reserva mundial de petróleo.
Es
por ello que, en primer lugar, nuestras preocupaciones
no se han centrado en la especulación,
a menudo de corte ideológico y sin referencia
a los hechos que se desarrollan en el mundo. Las
reflexiones las hacemos desde las fuentes y desde
la historiografía, que entrega antecedentes
y propuestas dirigidas a ofrecer un marco de referencias
históricamente fundamentado, sobre los
problemas intelectuales, acerca de asuntos sociales
concretos y de las alternativas y resolución
de esos problemas por medio del análisis
de los datos. Consideramos que la ausencia de
la reflexión histórica y el desdén
a la investigación empírica, tan
generalizados en los tiempos de la “desconstrucción”
en gran parte basamento filosófico de la
llamada postmodernidad, son inexcusables, especialmente
en momentos críticos como los que se observan
al dar inicio un nuevo siglo y un nuevo milenio.
Parafraseando a Marc Bloch, decimos, que en tiempos
de crisis, de graves conmociones económico
financieras, de intervenciones armadas y saqueos
a la humanidad, se debe centrar la mirada con
optimismo hacia el futuro, pero desde un permanente
análisis del pasado.(1)
Considero
que nos encontramos en un momento del desarrollo
de la humanidad, en que las ciencias sociales
latinoamericanas deben ampliar su mirada, y que,
además de valorizar los temas históricos,
no se le debe dar la espalda a los componentes
geopolíticos, bélicos-industriales
y policíaco-militares, que hoy forman parte
inseparable y que enmarcan la dinámica
globalizadora. Del mismo modo, resulta inaceptable
para las ciencias sociales y las humanidades,
no tomar en consideración los temas históricos
que no son estrictamente nacionales o regionales.
Es necesario mirar más allá de nuestras
fronteras para determinar que es lo que ha sucedido
y sigue sucediendo alrededor de los fenómenos
resultantes de la llamada globalización.
En ese contexto, la invasión de EE. UU.,
Inglaterra y España a IRAK, entrega extraordinarios
elementos de análisis, permite ampliar
nuestras miradas, posibilita reponer la historicidad
en el análisis de los fenómenos
históricos y entrega herramientas poderosas
para enfrentar a aquellas teorías, hijas
de la llamada postmodernidad, que apoyadas bajo
el prisma de la “micro-historia”,
llaman a dejar de lado el enfoque del desarrollo
de la humanidad concebida como proceso.
Por
este motivo es que considero que resulta muy acertado
el título de la primera parte de este Congreso
y que de manera convencional y por ordenamiento
metodológico, me permito realizarle un
pequeño cambio, transformándola
como interrogantes: ¿ha tenido el saber
tecnológico, impacto social, político,
económico y cultural en el desarrollo histórico
de nuestros pueblos? ¿bajo que condiciones
históricas y de que manera se procesó
ese impacto? ¿ cuales han sido sus rasgos
más sobresalientes? ¿cuáles
son las diferencias que se desarrollan bajo el
contexto de la globalización?
Utilizamos
en las interrogantes , la comparación histórica,
que incluye la explicitación de las similitudes
y de las diferencias, de las continuidades y de
las discontinuidades de diversas constelaciones
nacionales e internacionales. Ello, no solo es
metodológicamente correcto, sino que también
permite alguna suerte de garantía para
analizar, con ojos más objetivos y con
cierto, aunque perentorio, distanciamiento la
suma de hechos en los que estamos inmersos y sometidos
a en nuestra corta estadía sobre la superficie
del planeta.
DESARROLLO
TECNOLÓGICO Y NACIÓN
En
el análisis de lo que ha sido el proceso
de desarrollo social de nuestros países,
algunos historiadores denominamos en cuanto a
su orientación, etapa nacional popular,
al periodo que se comienza a generar a partir
de los años 20 del siglo pasado y que culmina
con la instauración de regímenes
militares dictatoriales a finales de los sesenta
y comienzos de los setenta. Precisamos, que la
emergencia de dicho periodo, está determinado
por una serie de condicionantes de índole
nacional e internacional, caracterizada en términos
generales por la Primera Guerra Mundial y las
repercusiones que ésta tuvo en nuestro
continente. El análisis de las secuelas
económicas , sociales, políticas,
ideológicas y culturales que se generaron
a partir de esos años en nuestras latitudes
ha sido tema de estudio, desde diversas miradas,
por numerosos cientistas sociales latinoamericanos.(2)
Se puede afirmar que el rasgo que más caracteriza
ese periodo, como resultado de estos acontecimientos,
es el inusitado dinamismo que adquiere el movimiento
de masas y que en algunos países precipitó
la caída de las oligarquías terratenientes
y del modelo de desarrollo económico que
sustentaban. Entre las alternativas de desarrollo
social que se proyectaban, estaban presentes en
el imaginario de ese movimiento social, el impacto
y las medidas tomadas por la revolución
rusa por un lado y la penetración intervención
abierta de EE.UU. en el continente por otra, acontecimiento
que al mismo tiempo gravitaron enormemente en
la activación de la lucha social y en el
modelamiento del pensamiento político y
social en esos años. Ante la existencia
de un sistema oligárquico excluyente y
mono-exportador que marginaba y frenaba el desarrollo
de los países y a la mayoría de
su población, las respuestas a esos problemas
eran claras; el desarrollo o la modernización
o la industrialización y las reformas estructurales,
las que se transformaron en luchas revolucionarias
y antiimperialistas con un marcado componente
nacional. Un sujeto, o un discurso sobre él,
encarnaba la esperanza y la emancipación,
el pueblo, expresado en jóvenes partidos
y diversos movimientos sociales populares. Todo
ello era también materia de debate, reflexión
y agitación en la intelectualidad que se
formaba en las aulas universitarias y que se materializaron
en el grito de Córdoba.
El mundo popular estuvo siempre presente, sea
por su crecimiento numérico, por sus manifestaciones
y luchas, por los grados de represión,
e incluso por la necesidad de atender por parte
del Estado a los partidos políticos y a
sus organizaciones corporativas a sus demandas
generadas por ellos mismos. De ahí la emergencia
o la acción desarrollada por el llamado
“Estado benefactor” que proveyó
preferentemente las necesidades de los grupos
que podían ejercer una presión directa
sobre el Estado, dejando en un segundo plano a
aquellos que no podían hacerlo. Obreros,
capas medias, sectores de la burguesía
y del campesinado, en suma, la mayoría
de la nación, bregaron en pro de un mismo
objetivo: la industrialización.
El
filósofo Mario Berríos, que fuera
en vida profesor de esta Universidad, a través
de un hermoso artículo, reflexionaba sobre
algunas de las ideas que se debatían en
ese periodo..
“En realidad - anota Berríos –
el problema tiene una doble dimensión.
Por una parte, entre 1938 – 1947 se caracteriza
por una gradual intensificación de la democratización
política en consonancia con el ritmo de
la industrialización. Avanzar hacia un
periodo en el cual por medio de la industrialización
del país, de la creación de la CORFO,
de la sustitución de importaciones, en
fin, en todo ello fluía la idea que estábamos
en el camino de la realización de la utopía
del progreso. Allí residía la realización
de lo chileno. Ese era el contenido de la plenitud
modernizadora”. Y continúa más
adelante: “ Justamente en ese punto es donde
se formula la idea de pueblo. Ésta se acuña,
se estructura dando pie a que todos los actores
desde diversos bandos, desde diversos puntos de
vista acuerdan que la idea de pueblo debe estar
en relación con la modernidad ya sea como
parte de la adaptación para ser productivo,
ya sea como conciencia de ser protagonista. Ambas
formas se encuentran y desencuentran en la formación
de partidos en el periodo, en la construcción
de puentes, embalses, edificios, escuelas y puertos”
(3)
Una
importantísima reflexión que da
cuenta de un periodo en que pareciera que no había
lugar para subjetividades y que la identidad de
un pueblo se forjaba poco a poco en un enfrentamiento
constante con las adversidades que se heredaban
de las etapas del atraso anterior. La tarea de
responder a las necesidades que reclamaba el desarrollo
nacional, al mismo tiempo que tensionaba las fuerzas
sociales productivas, habría espacios a
la creación tecnológica al servicio
de un proyecto histórico nacional. “La
aptitud para la vida en común”, escribe
Pierre Ducassé, en su ya clásico
“ Historia de las Técnicas”;
“ y la posibilidad de desarrollar incesantemente
los caracteres de la vida “social”
transforman la potencia técnica del hombre
y lo hacen dueño del espacio y del tiempo”
(4)
Una
semblanza política de esta etapa entrega
el profesor Jorge Larraín cuando señala
que “ La crisis del régimen oligárquico
se profundizó con la depresión mundial
de los años 30 y esto llevó en definitiva
al triunfo electoral del Frente Popular en 1938,
una coalición apoyada por las clases medias
y populares. Las clases dominantes tradicionales
de origen agrario sufren una derrota política
decisiva. En un contexto de crisis económica,
de colapso de los mercados externos y de desempleo
generalizado, se ve a la industrialización
como la clave para promover nuevas fuentes de
trabajo y al Estado como un elemento articulador
decisivo en la implementación de esa política.
Algunos autores se refieren a este periodo como
una etapa de “ compromiso” en la que
el proceso de modernización y de industrialización
sustitutiva de importaciones se hace posible gracias
a la intervención del Estado con el apoyo
de un sistema complejo de alianzas entre diferentes
clases y grupos sociales medios y bajos, ninguno
de los cuales por sí mismo tiene el poder
suficiente para implementarlos con su propia fuerza.”(5).
Y continúa más adelante. “A
las medidas de control del sector externo, el
estado chileno agregó su participación
directa en el proceso productivo mediante la creación
de la Corporación de Fomento de la producción
( CORFO) en 1939 cuya misión fue hacerse
cargo de un plan nacional de desarrollo y fomento
de la industria mediante inversiones directas,
proveyendo créditos y propiciando la incorporación
de nuevas tecnologías.
CORFO creó empresas estatales claves en
el campo de la electricidad (ENDESA), petróleo
(ENAP), acero (CAP), azúcar (IANSA), y
se transformó en el principal instrumento
de la política económica, dominando
la vida económica chilena desde el punto
de vista de la inversión y el crédito.”
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