domingo 28 febrero, 2010
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Recuerdos Porteños, Terremoto Valparaíso 1906

Recuerdos Porteños, Terremoto Valparaíso 1906

Cuatro meses después del de San Francisco, tuvo lugar el terremoto de Valparaíso, el día de San Joaquín, 16 de agosto de 1906. Hace hoy medio siglo. Muchas pueden ser las causas de los terremotos. El de Lisboa, en 1755, tuvo caracteres muy extraños. El simpático y erudito obispo Villarroel, durante el terremoto de Santiago en 13 de mayo de 1647, dijo que la tierra se movía por la soltura de las mujeres en materia de deshonestidades.
Nada es imposible. Cierta dama respetable asegura que los terremotos son indigestiones de la tierra con sus ruidos de tripas y sus salidas de gases.

Me perdí el espectáculo magnífico del terremoto de 1906 por estar en España, en el balneario de San Sebastián.
Recuerdo cuando en ese paisaje idílico, de veraneo, bajo los ventanales del Casino, pasaron los vendedores de diarios gritando: ¡El Pueblo Vasco, La Región y La Voz, con el terremoto de Valparaíso!
Fue un clarín llamando a la realidad triste y severa.

Las noticias eran espeluznantes y produjeron impresión en esa parte de España tan vinculada a Chile. Abundan los vizcaínos de apellidos corrientes aquí. Veraneaban entonces los chilenos Luis Bustos, Lopetegui, Fico Squire y un señor Ugarte, con su esposa y su hija, hermosa pelirroja en flirtcon el hijo del conde de Rodezno. Había conocido al señor Ugarte en Valparaíso, donde era dueño de la Agencia La Bola de Oro, en la calle de Victoria, lugar de mi primer empeño.

El terremoto destruyó parte de Valparaíso y las esperanzas de mi educación inglesa. Corté mis estudios y nos trasladamos a Chile. Llegamos al puerto en los últimos meses de 1906. Lo primero que hice fue ir a la calle del Teatro a ver si estaba en pie la casa en que nací. Estaba igual, y en el banco de la plaza vi al mismo gordo medio chiflado con colero.

terremoto valparaiso 1906

La impresión de mi ciudad natal no fue tan penosa como pude esperar. La vitalidad de un puerto es sorprendente. Había diversiones, y los jóvenes lo echaban todo a la chacota, como de costumbre. Algunas personas mayores permanecían aterradas todavía y cuando hablaban del terremoto los ojos se les ponían espantados, como si vieran a Satanás. Fueron tres días de terror, no sólo a causa del terremoto, sino, asimismo, por la fiera humana que apareció entre las ruinas y las llamas. Famoso por su interpretación oral del terremoto fue el ilustre abogado don Antonio Varas. Tenía este caballero ojos oscuros, dramáticos. Además de eso, su voz era ondulante, modulada desde los tonos agudos hasta los hondos y cavernosos, como de ultratumba. Inolvidable fue la vez que le oí representar el terremoto en el comedor de su casa, rodeado de su bellísima familia, en el comedor adornado con una copia del Rapto de las Sabinas por David. Otro convidado era el célebre ocultista don Tomás Ríos González. Después de oír el alegato vivo del terremoto quedé como petrificado. De otra parte, la ciudad se libraba de sus ruinas gracias a sus grandes hombres. Si en el terremoto de Lisboa se reveló el genio de Carvallo Melo, el de Valparaíso nos reveló el carácter de don Luis Gómez Carreño. Su mano salvó a la ciudad del terror. Otros salvadores fueron don Luis Felipe Puelma, don Alejo Barrios y el intendente Larraín Alcalde.

Detalles exactos del terremoto: A las 19.45 de la noche se oyó un ruido como de tren avanzando sobre la ciudad. Enseguida, vino la primera sacudida, vertical y circular, de cuarenta y cinco segundos. Siguió otro remezón de noventa segundos, y un tercero, de sesenta. Eso duró cuatro minutos. A las 20.06. siguió el segundo terremoto, de un minuto, y poco después otro más fuerte, de igual duración. El fin del mundo estaba en las conciencias. Se escuchaba el “Santo, Santo” por todas partes. Mujeres enloquecidas confesaban pecados a gritos, pero no todos. Siguió temblando durante la noche y al día siguiente. Se contaron 56 sacudidas en 24 horas.

Más detalles: El andaluz Ricardo Cano había llegado a Chile el 15 de agosto. Perdió todo y se quedó con amor entrañable a la tierra. Esa noche del 16 el actor Zapater ensayaba en el Teatro Odeón La tempestad para la galerna. Los presos admiradores del asesino Dubois hicieron esfuerzos para dejarlo escapar y por poco lo hubieran logrado.
Se contaban salidas cómicas del bandido. El juez le dijo:
-No me explico por qué el reloj del señor Lafontaine y el suyo tienen el mismo número.
-Yo tampoco me lo explico -respondió Dubois.
Jorge Montt prohibió al capitán Middleton que hiciera predicciones de terremotos. Es sabido que acertó en 1906.

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La ciudad recobraba su fuerza física y su aspecto gringo. Llegó una troupe de luchadores: Pellegrini, Reiter de Valfort, Ceresert, Youssouf de Branama. Llamaba la atención en las calles. El joven heredero más rico de Valparaíso era don Armando Zannelli; dueño de un Fiat verde. Cenaba todas las noches en La Rosa con Ada Negri, artista italiana..
El holandés Kraus, ingeniero, propuso expropiar la parte destruida del Almendral y construir el puerto, mediante excavaciones. Si hubieran llevado a cabo el proyecto, tendría el encanto del Amsterdam chileno.

El chileno está transido en filosofías de temblores. Sus plantas se ponen en terreno incierto. Nada es durable ni definitivo. De pronto brama la tierra, y nos nivela de golpe en el hoyo. Lejos de ser fanfarrón, el chileno es apequenado, descuidado. Se rebaja. Prefiere lo menos erguido y ambicioso. Escoge por abajo. ¡Pero no le ofendan ni le miren a menos! Entonces, a su vez, ruge y tiembla. En general desprecia a los fanfarrones y presumidos.

Autor/Fuente
Joaquín Edwards Bello Cronista y novelista chileno. Autor de El inútil, El roto y La chica del Crillón.
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