Lunes 6 Julio, 2009
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La creación de las Ecuelas Normales

La creación de las Ecuelas Normales

La formación de Maestros había estado en completo abandono, a pesar del interés que se demostró en los primeros gobiernos republicanos por la educación primaria.

Una iniciativa que significó la capacitación de algunos maestros fue la creación de una escuela normal lancasteriana durante el gobierno de O`Higgins. De los doscientos alumnos que tuvo la escuela, muchos eran maestros en ejercicio lo que significó la introducción de este método en su práctica de enseñanza. Entre las acciones que se emprendieron en los gobiernos conservadores a partir de 1830, en relación a la educación primaria, estuvo la fundación de la Escuela Normal de Preceptores.

Esta se fundó en 1842, siendo Ministro de Instrucción Pública don Manuel Montt Balmaceda. Su primer director fue el educador argentino don Domingo Faustino Sarmiento, principal impulsor de esta iniciativa, quien con un ayudante fueron sus primeros profesores. En el decreto de creación se señalaba:

….la instrucción primaria es la base en que deben cimentarse la mejora de las costumbres y todo progreso intelectual, sólido y verdadero; aquella instrucción no puede llenar tan importante objeto sin que sea comunicada por maestros idóneos y conocida moralidad, y mediante métodos fáciles, claros y uniformes, que ahorrando tiempo y dificultades, la hagan extensiva a todas las clases de la sociedad, sin un establecimiento central en que se formen los preceptores, se estudien y aprendan los métodos y se preparen y practiquen las reformas necesarias para la mejora de la enseñanza, no es posible por ahora llegar a aquel término… Se establecerá en Santiago una Escuela Normal de enseñanza e instrucción de las personas que han de dirigir las escuelas primarias en toda la extensión de la República.”

La escuela empezó a funcionar en un altillo del Portal Sierra Bella de Santiago, ubicado en Plaza de Armas. Los alumnos contarían con una beca otorgada por el gobierno, que cubriría gastos de alimentación y vestuario, constituyéndose esta en uno de los principales incentivos para que los “hijos del pueblo” abrazaran esta profesión.

En los comienzos hubo problemas con los alumnos que iniciaron la escuela. De treinta que conformaron el primer curso, al cabo de dos años, veintiocho habían sido expulsados por pocas aptitudes o mala conducta.

Se constataba que la mayoría de los futuros preceptores eran de extracción social precaria, similar a la de los que ejercían en las escuelas. Se produjo el régimen de internado, adecuado para una más efectiva socialización, el que se implementó a partir de la segunda promoción de la escuela. En 1845 se graduaron once preceptores siendo destinados a distintos puntos del país, donde debían servir por siete años; si se retiraban antes del servicio debían pagar al Estado lo que se había invertido en su educación.

En 1849 se pone en práctica el nuevo plan de estudios propuesto por Sarmiento, que incorporaba otros ramos tales como agricultura, cosmografía, geografía física, historia santa y fundamentos de la fe.

En 1853, bajo la dirección de Juan Godoy, se trasladó la escuela a un local propio en la calle Matucana, se reformaron nuevamente los planes de estudio, así como también se restringió el ingreso de alumnos.

La educación de las niñas también despertó gran preocupación, pero sólo once años más tarde que la escuela para hombres, se fundó la Escuela Normal de Preceptoras, en 1854, bajo la dirección de las religiosas del Sagrado Corazón. La formación duraba cuatro años, contaba con una beca estatal, de tal modo que rápidamente se convirtió en una solución para las hijas de familias modestas y madres viudas.

La necesidad de formación de preceptoras se manifestó con la creación de la Escuela Normal de Chillán en 1871 y de La Serena en 1874. Ambas escuelas fueron organizadas por Mercedes Cervelló, una maestra que se destacó en la enseñanza de niñas de Chillán.

En la década del ochenta crece la preocupación respecto del sistema educativo primario. En 1878 se comisionó al abogado don José Abelardo Nuñez para que se trasladara a Europa y Estados Unidos, a fin de estudiar sus sistemas educativos, quien luego de cuatro años fuera del país, informó lo siguiente:……..

“Se deben organizar Escuelas Normales, elegir y contratar en Europa profesores de uno y otro sexo, como asimismo comprar el material de enseñanza para las escuelas públicas, y de colocar en establecimientos especiales a los preceptores y alumnos normalistas que irían a perfeccionar en Europa sus estudios pedagógicos”.

En 1884, teniendo ya el cargo de Inspector General de las Escuelas Normales, el señor Nuñez fue comisionado nuevamente para viajar a Europa con el propósito de implementar lo señalado en su informe.

La admiración por la educación alemana determinó el reemplazo del modelo francés existente en la educación chilena.

Hacia 1885 empezaron a llegar a las Escuelas Normales de Alemania y Austria, ejerciendo su influencia sobre la formación del preceptorado por más de 20 años.

Especial importancia tuvo la reforma de la Escuela Normal de Preceptoras de Santiago; se contrató a una educadora alemana, Teresa Adametz para que la dirigiera; del mismo modo se renovó toda la planta docente, contratando profesoras alemanas y austríacas, cuyo lema era…. “La preparación teórica consiste en la comprensión de los elementos de la psicología y de los principios fundamentales de la educación…., de los de la enseñanza en particular, que es la metodología general, y de la teoría de la enseñanza especial de cada ramo primario…”

Durante el siglo pasado se inició el proceso de profesionalización de los maestros, como parte de una política estatal de educación para los sectores pobres. Esta profesionalización fue condición necesaria para la eficiencia en la práctica pedagógica y al mismo tiempo garantía de control, porque los maestros debían convertirse en agentes socializadores y civilizadores en una sociedad marcada más por la exclusión que por la integración.

No resulta fácil, establecer y aplicar parámetros que avalen de modo científico algunas conclusiones respecto de cual fue la influencia real de estas instituciones en la forma básica de la niñez y la juventud, pero sin riesgo de subjetividad puede aseverarse el espíritu de verdadera mística con que los maestros normalistas abrazaban su labor e influían es sus educandos y en las comunidades a lo largo de todo el país, en un grado muy notable de identificación y entrega, como asimismo el nítido reconocimiento internacional que fueron ganándose las primeras Escuelas Normales, expresado en los numerosos alumnos extranjeros que vinieron a incorporarse a sus aulas y en las varias e importantes contrataciones de misiones de maestros chilenos para organizar Escuelas Normales en otras naciones del continente o para servir a ellas.

De esta forma la enseñanza quedaba investida de un carácter apostólico, era una “misión” desinteresada de lo económico, compensada por la “satisfacción” y “el espíritu de la entrega”, por la pureza del acto de iluminar las mentes atrapadas por la ignorancia. La humildad y el sacrificio eran el corolario de esta profesión. Esto ha quedado escrito en las fibras efectivas del Normalismo, quizá por ello, hoy los maestros normalistas exigen de los otros: los alumnos, las autoridades y de la sociedad en general; la valoración de su “misión” y de su “espíritu de entrega”.

En cuanto a las personas que se formaron en las Escuelas Normales, constituyeron efectivamente un catalizador importante de una elite del espíritu, conforme a las aspiraciones de los gestores, en su tiempo, del Proyecto Pedagógico e Investigativo más importante que naciera hace algo más de un siglo y medio. Y que actualmente aún sigue vigente y al cual solamente habría que readecuar algunos de sus propósitos para volver a convertirlo en el eje fundamental en la formación del nuevo ciudadano para la sociedad moderna y desarrollada.

Hacia el término del primer cuarto del presente siglo, ya había en Chile 15 planteles de este tipo, en los cuales se titulaban anualmente unos tres centenares de maestros. Entre los años 1927 y 1929 se refundieron varias Escuelas, hasta reducir su número total a sólo 6; se las clasificó en Rurales y Urbanas. Paulatinamente se fueron agregando severas exigencias de “condiciones de carácter especial para el correcto desempeño de las funciones del educador”, lo que hacía sentir a los normalistas una comprensible satisfacción por su calidad de tales.

Más adelante, en el marco de la Reforma educacional de 1965 y como uno de los aspectos tendientes a asegurar el mejoramiento del nivel cualitativo del servicio pedagógico, se declara y decreta la formación de maestros de nivel de enseñanza superior (Dec. 3908 de 10.06.67), reservando por tanto, el ingreso a las normales sólo a quienes tengan aprobada la enseñanza media en sus modalidades científico – humanista o técnico – profesional.

Un documento del Ministerio de Educación justifica esta medida, explicitando que se la ha adoptado “para capacitar al Magisterio – motor fundamental de la Reforma, en orden a enfrentar con conocimientos y técnicas modernas las exigencias educacionales de la hora presente”.

Debe destacarse que ella reconoce en la misma Escuela Normal la capacidad de abordar este desafío, convocándola a adoptar para ello un significativo ritmo de renovación, sin dejar de mantener fidelidad a su propia trayectoria. El perfeccionamiento de sus egresados – como el de los profesores de todos los niveles del sistema educacional chileno – pasaba a quedar radicado en el Centro de Perfeccionamiento, Experimentación e Investigaciones Pedagógicas, creado por Ley 16.617, de 31.01.1967.

En efecto, el viernes 2 de Noviembre de 1973 – a poco de nuevo gobierno en el país – el Ministro de Educación, por medio de una exposición radial y televisiva, anunció la resolución de “suspender las actividades docentes en todas las Escuelas Normales del país y declararlas en reorganización hasta Marzo de 1974, mes en que se autorizará reiniciar su actividad docente”.

La medida afectó a dos Escuelas Normales Superiores, a catorce Comunes y al Curso Normal de Iquique, todos ellos fiscales. Para las dos Particulares reconocidas en Santiago, se dispuso la reorganización sin suspención de sus actividades.

Desde entonces la formación de profesores para el Nivel Básico quedó exclusivamente entregadas a las Universidades – entre las cuales se distribuyeron las antiguas Escuelas Normales con criterios prevalentes de ubicación geográficas – situación que, a partir de fines de 1980 se amplió en virtud de la legislación sobre Educación Superior a otras entidades (Academias Superiores de Ciencias Pedagógicas e Institutos Profesionales).

Autor/Fuente
www.normalistas.cl http://www.normalistas.cl
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