martes 30 junio, 2009
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Hundimiento del Crucero alemán Dresden

Hundimiento del Crucero alemán Dresden

Tras salvar ileso de la batalla naval de las Malvinas durante la Primera Guerra Mundial, el crucero liviano alemán Dresden, se refugia en los canales del sur de Chile y posteriormente se dirige al archipiélago de Juan Fernández, donde fondea en la bahía Cumberlan, de la Isla de Más a Tierra, el día 9 de mayo de 1915. Cinco días transcurrieron desde que la embarcación recalara en estas costas, con la intención de reparar sus deterioradas máquinas y reabastecer sus bodegas con víveres y carbón, cuando es atacada sorpresivamente, a las ocho de la mañana, por tres buques ingleses que la habían perseguido en su travesía desde los mares australes: el crucero Kent, el Glasgow y el transporte Orama.

Incapaz de hacer frente a la agresión, debido a la escasez de carbón, el Dresden es encañonado y hundido tras un breve combate. Protegiendo la vida de su tripulación, el capitán del navío alemán decide parlamentar por mientras ordena a los marineros desembarcar en tierra. La tripulación y oficialidad alemana es internada en la Isla Quiriquina, al sur de Chile, frente a la ciudad de Concepción.

El SMS Dresden fue un crucero ligero alemán de la Kaiserliche Marine, de tres chimeneas, botado en 1906, de 118 m de eslora, armado con 10 cañones de 105 mm, y el único equipado con turbinas Parsons y cuatro hélices navales tetrapalas, que le permitían alcanzar 28 nudos, 4 nudos más que el SMS Emden, su gemelo, con el cual constituía clase.

Tuvo una destacada participación en la evacuación de alemanes radicados en el puerto de Veracruz en México a principios de 1914, llevando entre sus oficiales al Teniente de Navío Wilhelm Canaris, y durante esos días de asedio al deportado dictador Victoriano Huerta. Pancho Villa hizo un ofrecimiento al gobierno alemán para comprar este crucero y otros más. Después de concluido el traslado, fue relevado por el crucero Nürnberg y partió a Alemania.

Asumió el mando el Capitán de Navío Fritz Lüdecke.

Primera Guerra Mundial.
Estando en plena travesía, recibió la noticia del inicio de hostilidades e instrucciones de navegar hacia Tsingtao, China, y en plena mar se preparó el navío para entrar en combate.

Finalmente llegó a Tsingtao, aún en poder de los alemanes y se avitualló. Ahí recibió órdenes de proseguir la navegación en pos de la flota de Maximilian von Spee. Durante el viaje, el buque fue alistado para el combate, desechando todo material inflamable y accesorios inútiles.

En Chile.
Se unió a la flota de von Spee en la Isla de Pascua viniendo desde Tsingtao (China). Desde ahí zarpó con la flota hacia la costa sudamericana, específicamente al Cabo de Hornos.

Participó en la batalla de Coronel (Chile) el 1 de noviembre de 1914, donde la flota alemana resultó victoriosa.

Durante una parada de abastecimiento en Valparaíso, su gemelo el SMS Emden fue inutilizado en las Islas Cocos 12°11′10.24″S 96°49′47.07″E / -12.1861778, 96.8297417 el 9 de noviembre por el HMAS Sidney.

En la Batalla de las islas Malvinas el 8 de diciembre del mismo año, donde la armada inglesa al mando del vicealmirante Sir Frederick Sturdee hundió a casi todos los navíos de Von Spee, el SMS Dresden fue el único navío sobreviviente gracias a sus turbinas, que le dieron mayor velocidad (27 nudos) durante el forzado escape.

Hundimiento del Crucero alemán Dresden

Se esconde en la Patagonia chilena
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Los británicos no deseaban que el SMS Dresden se les escabullera y dieron una batida de caza por toda la región austral sin encontrarlo.

El SMS Dresden navegó por los canales patagónicos en busca de refugio. Una vez agotado el carbón, se mantuvo escondido en estrechos canales patagónicos chilenos no demarcados geográficamente (Isla Santa Inés y Santa Magdalena), por espacio de varios meses y cambió de posición en muchas ocasiones, dentro de la misma zona. El lugar más espectacular fue el fiordo de Quintupeu 42°5′41.17″S 72°33′16.40″O / -42.0947694, -72.5545556, en cuya boca apenas cabía el SMS Dresden. Llancahué 42°10′17.30″S 72°24′06.37″O / -42.1714722, -72.4017694, Porcelana 42°29′3.36″S 72°26′11.69″O / -42.4842667, -72.4365806, Cahuelmó y Quintupeu que son unos bellos parajes del sur de Chile, donde se pueden apreciar vertientes naturales de agua termal agrupados en pozones al aire libre. En el fiordo de Quintupeu se divisan los cerros de la frontera y un farallón rocoso con una cascada directa al mar.

La tripulación sobrevivió gracias a la caza, pesca y fuentes de aguas naturales, así como a la ayuda de alemanes residentes en Chile, tales como un tal Gottenburg y Albert Pagels radicados en Puerto Montt (Chile).

A fines de febrero de 1915 y estando ya en condiciones de navegar, aunque con bajas reservas de carbón, buscó encontrarse con un barco alemán abastecedor en altamar y luego emprender la llamada ruta de los veleros hacia Oceanía.

Albert Pagels y el fiordo de Quintupeu.
Quintupeu es un bellísimo fiordo, solitario, con una estrecha entrada de no más de un cable de ancho, con un saco de tres millas y un ancho de media milla, rodeado de acantilados de unos 600 m de altura, cubiertos de profusa vegetación, útil para abastecer las calderas del buque con una cascada de purísima agua. El 6 de febrero de 1915, al atardecer, llega hasta aquí el averiado Dresden, con las máquinas quejándose y rechinando. Al pasar los enormes acantilados de la estrecha entrada, ven un velero con bandera alemana que resultó ser uno de los barcos de la flota de Carlos Oelkers de Calbuco que venía capitaneado por Enrique Oelkers, acompañado del eficiente colaborador Albert Pagels, quien les había informado de la emergencia del buque y traía víveres, carbón y mecánicos para llevarse las piezas dañadas a Calbuco y Puerto Montt.

Esa misma noche empezó la gloriosa estancia del Dresden en este maravilloso fiordo. El aire tibio de verano, la banda tocando en cubierta, cerveza, cecinas de las buenas, auténticas, fabricadas por los alemanes residentes y salchichas en fondos con agua hirviendo, ¡no podía haber nada más estupendo después de tantas privaciones! A la mañana siguiente, muy temprano, se empieza con el desarme de las piezas dañadas. Todo el personal tenía algo que hacer, había que apurarse, pues era de suponer que no podrían quedarse mucho tiempo, ya que ello contravenía la Convención de La Haya. Se sacaron dos pesadísimas tapas de las calderas semifundidas por las tremendas temperaturas a que habían sido sometidas, así como ejes y partes de los comandos del timón. Todo fue trasladado al velero de la flota de Oelkers que partiría rumbo a Calbuco y Puerto Montt. El personal, agotado, se retiró temprano. Al otro día se continuó con la labor de desarme de las últimas piezas dañadas con las que saldrían al día siguiente a las 5 de la mañana el capitán Wiebliz, Pagels y dos marineros en la lancha de vapor del buque, rumbo a la isla Guar para ser entregados al mediodía en el solitario estero de Chipué a la Elfeide, la goleta de Pagels comandada por su colaborador Schindling, y llevarlos a reparar a Puerto Montt, estratagema meticulosamente elaborada con anterioridad para no delatar la posición del Dresden.

Antes de partir con Pagels, Schindling entregó al capitán Wiebliz una bolsa con correspondencia para el buque, recopilada por muy diferentes y extraños medios. Enfilados a 182º magnéticos, rumbo que mantendrán por 10 millas para luego virar a babor, a la cuadra de la isla Queultín y tomar el nuevo rumbo de 124º hacia la isla Llancahué. Era un día soleado con mar plana y suave viento del NW. El pequeño motor a vapor de la lancha resoplaba acompasadamente, manteniendo una velocidad, con ayuda del viento, de 7 nudos que les auguraba una pronta llegada en unas 7 horas. Faltando más de una hora para efectuar el cambio de rumbo en la isla Queltin, el capitán Wiebliz, a instancias de los tripulantes, accedió a abrir el saco de la correspondencia. Sobre todas las cartas se destacaba inmediatamente una caja dirigida a uno de los marineros tripulantes, Otto Hunger, el corneta del buque, quien con gran apresuramiento y ansiedad la abrió: era un grueso chaleco con cuello de piel que le había tejido su madre, pues él en una carta se había quejado del frío de los canales magallánicos. Con gran alborozo se lo pone a pesar de que no correspondía a la temperatura veraniega. Al cambiar el rumbo hacia el oeste, favorecida por el viento de empopada, la pequeña embarcación aumentó su andar a casi 8 nudos, lo que les permitió llegar al buque con el sol aún alto.

Sobre la cubierta encontraron un misterioso cajón. El aserrín y restos de tablas que lo rodeaban denotaban su reciente construcción. Al preguntar a que correspondía, nadie supo contestar. Cuando el capitán Wiebliz fue a informar sobre su misión al Comandante Lüdecke, le preguntó por el misterioso cajón. El comandante le informó que se trataba del molde que se usaría para concretar la caja que contenía el tesoro mexicano, el que intentaba fondear en Quintupeo, ya que no había sido posible depositarlo en un banco en Alemania. “Nuestro destino es demasiado incierto como para continuar con esta responsabilidad”, justificó el comandante. En la mañana, el misterioso cajón había desaparecido, no quedaba ni rastro de su existencia. Al fondo del buque, en una bodega de la sentina, el teniente Canaris, Karl Hartwig el torpedero y Gregor Bitter el carpintero, en estricto secreto, envuelven la caja del tesoro con linoleum y la sellan con brea, para luego introducirla en el mentado cajón y concretarlo con la mezcla que el carpintero ya tenía preparada. Terminada esta última operación, Bittler introdujo en la mezcla dos ganchos de fierro para posteriormente, y una vez fraguado, izar el pesado bloque con la grúa de torpedos.

Hundimiento del Crucero alemán Dresden

Valparaíso.

El SMS Dresden se hizo a la mar y a la altura del puerto de Corral sorprendió y hundió a la barca inglesa Cornwall Castle, recogiendo a sus tripulantes, que fueron transferidos más tarde en Valparaíso a un barco de aprovisionamiento alemán.

En principio, su objetivo era tomar la ruta de los veleros, una vez abastecido de un barco amigo, pero en lugar del abastecedor se encontró con su última presa. El velero inglés venía sin carbón suficiente, por lo que las estimaciones de combustible para realizar semejante travesía le ponían en peligro de quedar a la deriva en medio del Pacífico.

El 1 de marzo, estando a la deriva, en la amanecida de una neblinosa mañana, los alemanes divisaron la silueta de un crucero inglés, que a su vez los divisó navegando a baja velocidad. Lüdecke contaba con pasar por un crucero chileno, ya que había sido repintado en un color más oscuro, semejante a los de la Armada de Chile. Pero los ingleses reconocieron al SMS Dresden e informaron por TSH a sus pares, siguiéndole bajo el horizonte.

Isla Juan Fernández.
Con sus reservas de carbón alarmantemente bajas, el crucero buscó abastecimiento el 2 de marzo en puerto chileno, en la bahía Cumberland en la isla de Más Adentro, actual Archipiélago Juan Fernández. La idea de Lüdecke era abastecer el navío para emprender definitivamente la navegación hacia Oceanía para encontrarse con su gemelo SMS Emden.

Hundimiento.
La gobernación chilena sólo ofreció 72 horas de reparación con sus propios medios o internación. Estando en estos trámites, una fuerza inglesa compuesta por los cruceros HMS Kent, HMS Orama y HMS Glasgow lo sorprendió fondeado, el 14 de marzo de 1915.

Lüdecke, imposibilitado de escapar o hacer frente, e intentando ganar tiempo para preparar la nave para su hundimiento, hizo subir bandera de parlamento, y envió al oficial Canaris al HMS Glasgow a parlamentar, pero los ingleses lo ignoraron y comenzaron a disparar. El Dresden hizo algunos disparos, pero una batería de popa fue alcanzada muriendo siete tripulantes. El capitán Lüdecke ordenó desembarcar la tripulación y preparar el hundimiento de su nave: Algunos miembros de la tripulación hicieron explotar la santabárbara de proa y abrieron las válvulas de fondo, para luego lanzarse a nado para alcanzar la orilla mientras el crucero imperial comenzaba a hundirse a las 11:35.

Los heridos más graves fueron atendidos por los mismos ingleses y trasladados a Valparaíso en el transporte Orama. Más tarde el crucero chileno Esmeralda se presentó y trasladó a los restantes marinos a Concepción.

La tripulación fue internada en la isla Quiriquina (Talcahuano, Chile) por el resto de la guerra. Tan sólo tres integrantes se fugaron, entre ellos el Teniente de Navío Wilhelm Canaris, futuro jefe de la Abwehr en el período nazi. El resto decidió unirse a la comunidad alemana residente en Chile.

Campana del Crucero alemán Dresden

Un Último Testimonio.

A los 17 años vio el hundimiento del Dresden.
En Junio de 1994 en la ciudad de Valparaíso, se logró mantener contacto con la única habitante de la Isla, existente, que vivió el drama del “Dresden”. Su nombre: Ana Julia Torrejón Cáceres, nació en la Isla el 27 de Septiembre de 1898, de padres colonos. Su mente clara y físico bien conservado, permiten dar crédito a sus palabras que se van hilando perfectamente a sus recuerdos. Su testimonio es el siguiente:
“En el año 1914, al empezar la guerra, fondeaban buques ingleses o alemanes en la isla. A mi padre le compraban carne, pero se abastecían de agua en especial. Un día llegó el Dresden ( 9 de marzo de 1915) y entró en bahía Cumberland. Todos temían que llegaran los ingleses mientras mantenían conversaciones con la autoridad marítima señor Natalio Sánchez. Un día Sábado mandaron a decir que se reuniera la juventud y quienes desearan escuchar a los músicos, porque bajaría la banda del buque. Tocaron piezas muy hermosas…”
“Me parece que fue justamente al otro día, que yo me levanté muy temprano y vi en la bahía, lanchas que iban y venían. Me había subido a un saco de papas para poder ver mejor al Dresden, cuando divisé los buques ingleses que por un lado y otro lo bloqueaban. De repente vi salir de ellos unas luces y luego sentí los cañonazos. La primera bala le dio al Dresden en lo alto. Saltaron unos hombres. Luego el agua se vio blanca con los disparos. Continué mirando porque nuestra casa se encontraba en lo alto y la rodeaba un higeral inmenso en el cual se incrustó un proyectil, como también sucedió en otros lugares de la Isla”.
“De repente del Dresden pareció salir humo negro y azul y empezó a hundirse lentamente. Antes, los marinos habían ganado tierra como pudieron, en botes, a nado o como fuera. Cuando el agua cubrió totalmente el buque, sus hombres desde la playa gritaron “¡Hurra!” varias veces… Estos marinos estaban casi desnudos, mi papá les dio albergue y cuidó de algunos alemanes y al resto, los colonos les arreglaron carpas y los alimentaron”.
Doña Ana Julia Torrejón formó su familia al casarse con Don Guillermo Kötzing Hinz, uno de los tantos extranjeros que han pasado por la histórica Isla de Robinson Crusoe.
En este breve combate, perecieron nueve marinos alemanes, siete de los cuales descansan en el cementerio de la isla, en una tumba que mantiene y cuida la armada de Chile y es muy visitada por los turistas. El Dresden se encuentra actualmente a una profundidad de 78 metros y a 500 metros de la playa de bahía Cumberland.

El Dresden en la actualidad.
Hoy El Dresden es hoy una atracción para buzos profesionales debido a la claridad del agua en ciertas épocas del año, y se conserva aún en relativo buen estado, en el fondo del puerto de la isla a unos 70 m de profundidad y a 516 m del embarcadero. Muchas piezas de vajilla han sido extraidas por buzos lugareños.

En febrero de 2006 fue rescatada la campana de cobre de 155 kg del crucero por un grupo de arqueólogos. Se exhibió durante un año en el Museo Naval y Marítimo de Valparaíso en Chile antes de ser prestada a Alemania por las autoridades chilenas, por un período de cinco años, en muestra de las buenas relaciones institucionales. Actualmente se encuentra en la ciudad de Kiel.

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Autor/Fuente
Juan Carlos Velásquez Profesor de Historia, para el Diario El Llanquihue 21 de abril de 2002
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