jueves 22 octubre, 2009
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Guerra de Don Ladislao

Guerra de Don Ladislao

A mediados de los lejanos años 20, en pleno gobierno de Juan Luis Sanfuentes, ocurrió uno de los hechos más curiosos de la historia de Chile: la guerra de Don Ladislao.

En aquellos tiempos, era evidente que Arturo Alessandri era el que la llevaba, para desespero del gobierno. En un ataque de imaginación febril y no teniendo que inventar para detener al León de Tarapacá, el gobierno de aquella época movilizó al ejército ante una supuesta amenaza en el norte de una invasión peruana. El pretexto eran supuestas reivindicaciones territoriales del Perú, que habían pasado a mayores y por tanto la integridad de la patria corría peligro.

Aquellas supuestas reivindicaciones no eran más que el primer reclamo boliviano sobre la mediterraneidad, presentado a la Sociedad de las Naciones, que contó con el guiño aprobatorio del gobierno del Perú en aquel tiempo. Fue un frenesí, se movilizaron a antiguos reservistas, la primera división de ejército empezó a hacer maniobras en el desierto, las hordas enfervorizadas clamaban por más sangre chola, los viejos veteranos de la guerra del pacífico, con sus patas cojas y sus muñones salieron a marchar…la prensa martillaba y martillaba de fervor por la tercera guerra contra la confederación, y no hubo quien dijo que en esta pasada nos quedamos con hasta con los huacos.

La guerra de Don Ladislao duró obviamente hasta que pasaron las elecciones, y no se vio a peruano alguno marchando hacia su “Estrellita del Sur”. La única organización que se opuso al fervor nacionalista desatado por Don Ladislao y el temor a que los cholos vinieran a llevarse de vuelta el Huáscar, el suspiro limeño, el pisco y los leones de la avenida Idem, fue la FECH, lo que le valió ser acusada de antipatriota…fue famoso el cartel colocado en su sede por las hordas nacionalistas “Se vende esta casa. Tratar en Lima”.Pasó el tiempo y ni los peruanos se aparecieron por acá a llevarse el suspiro limeño, ni la FECH se vendió en Lima y el gobierno del opaco Sanfuentes y el ingenioso Don Ladislao pudo detener la ola desatada por el León de Tarapacá y su “chusma querida”.

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