lunes 11 mayo, 2009
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Buen punto de vista

Buen punto de vista

“La crisis de Estados Unidos se debe, entre otras cosas, a la inseguridad que los norteamericanos tienen en ellos mismos; su continua necesidad de comprar jamás se satisfará porque esperan que la satisfacción personal venga de lo comprado, y jamás será así.”

Esto es un correo que me llegó desde Mexico, la verdad muy cierto y me gusto mucho así que aquí se los dejo.

En la pasada Feria del Libro del 21 de enero 2009 escuché una tesis muy interesante del Dr. Alejandro Morton: la Crisis de Estados Unidos  se debe, entre otras cosas,  a la inseguridad que los norteamericanos tienen en ellos mismos; su continua necesidad de comprar jamás  será satisfecha porque esperan que la satisfacción personal  venga de lo comprado, y jamás será así.

“… a nivel social no nos hemos dado cuenta de que ese impulso descontrolado por comprar es, en el fondo, la causa profunda de la crisis económica que ha cundido ya por todo el mundo, alimentada por un sistema financiero insaciable que facilitó recursos para que compraran quienes no tenían con qué”.

Pocas cosas hay más tensionantes que tratar de mantenerse a la moda en ropa, calzado, accesorios, tecnología, viajes, comidas, restaurantes, casas, muebles, cirugías, autos y todo lo añadible. Quien tiene dinero en exceso puede comprar, usar y desechar, pero quienes vivimos sujetos a un presupuesto debemos cuidar qué compramos y entender por qué y para qué lo compramos. Y esa regla se ha olvidado.

En efecto, la presión social existe, pero debemos preguntarnos cuánto nos presiona y cuánto nos dejamos presionar. Porque es muy cómodo justificar nuestros excesos o actos absurdos transfiriendo la responsabilidad a una entidad abstracta (la sociedad), en vez de asumirla nosotros en concreto.

¿Cuál es el problema de que se rían de nuestro celular viejo? La risa es buena y si no les gusta el celular pueden bromear a costa de él y criticar el aparato, a su dueño o a ambos. El problema es de ellos, no del dueño del celular, a menos que éste lo acepte.

La característica la usamos todos cuando describimos a alguien ante quienes no lo conocen: “Es un señor medio gordito, de sonrisa muy agradable” o “Es una mujer bajita, de ojos azules y muy mandona”.

Malo el cuento cuando esa característica se transfiere a una de sus posesiones: “Es el chavo del convertible rojo” o “La señora que usa puras bolsas de marca y tiene una casa enorme” o “Es el director que siempre anda a la moda”. Es decir, su personalidad no emana de lo imprescindible, sino de lo prescindible. Lo  primero no se compra en ningún lado; lo segundo en cualquiera, si se tiene los medios para hacerlo.

Un amigo muy cercano es multimillonario, pero nosotros lo averiguamos por accidente tras años de conocerlo. Es sencillo, generoso, adaptable a todo y disfruta lo disfrutable. Jamás presume y nunca hace alarde de nada porque tiene muy claro qué cosas son importantes en su vida.

Las trampas de la presión social siempre han estado ahí. Caen en ellas quienes no se conocen a sí mismos y tienen una escala de valores centrada en lo social. Las eluden quienes sí se conocen y valoran lo esencial, no lo accesorio.

El vacío personal no lo llena ni los closets giratorios, ni los carros de lujo, ni las joyas exclusivas. La satisfacción de los consumidores insaciables no viene de poseer las cosas, sino de presumirlas ante los demás.

¿Tiene usted un celular del que sus “amigos” se ríen cuando lo usa?
Ríase con ellos y úselo hasta que guste.  ¿Le duelen las burlas?  Entonces CAMBIE de AMIGOS, no de celular. Es lo justo.

Autor/Fuente
New York Times Artículo del servicio de noticias del New York Times
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