lunes 31 diciembre, 2012
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Año Nuevo

Antaño los años nuevos eran ceremoniosos, estirados, etiqueteros. Se les esperaba con parsimoniosa impaciencia, como a una tía rica que regresa de un viaje alrededor del mundo. La noche contaba las doce campanadas de sus relojes, como un avaro sus monedas relucientes. Entonces las campanas también eran echadas al vuelo, pero su tañido era majestuoso y acompasado. El año nacía como los hijos de los reyes: entre mimos y cuidados. Todos teníamos el mayor empeño en preservar al año-niño de las temperaturas desiguales. Se le colocaban en la cebecera grandes propósitos, voluntades pertinaces y esperanzas duras y firmes.

El Año Nuevo sucedía a la Nochebuena como un regalo rezagado del pobre viejo Santa Claus. Hoy en día es muy diferente. Ahora tiene la enredadera crepidante de los reflectores para descolgarse, de improviso, como una paracaidista de los conos sombríos del espacio que no termina. Su primer vagido lo oímos por radio y nace a caballo en aeroplanos de colores. Con un puñado de “elaxons” en la mano, su sonrisa estalla, precisamente, encima de un jazz cubano, y a pesar de su juventud es estruendoso, jovial y bullanguero como un joven boxeador. Este lecho que le hemos preparado, cada año le queda más pequeño y parecido a los niños que nacen demasiado grandes, a grandes estirones se revuelca en los colchones mullidos de la noche divisoria. Tiene en las manos el rumor de los molinos, y observamos como hasta las estrellas altas las vacila su revuelta y encendida cabellera. Ha nacido para otra cosa, y su infancia hay que seguirla en automóvil. Tendrá que emborracharse de lunas artificiales frente a la mentira pintada y enloquecedora de un bataclán o también arrinconando vacilaciones entre las cuatro cuerdas bailarinas de un ring internacional. Hecho para el alienismo lo veréis cosechando cascabeles en un circo de arrabal, y riendo como un loco con las piruetas de un tony desvencijado.

Nacido para la acción y la sorpresa, se acurrucará, casi todas las tardes, en los cines de barrio para seguir los pistoletazos de Tom Mix o la serpiente de cuero con que Fred Thomson amarra día a día sus entusiasmos. Tendrá ratos de humor y lo veréis helar su hastío en la nevera de un Nocturno de Chopin o asaltar al mismo su seriedad de hombre de hoy frente a la contorsión lírica de Cavaradossi ebrio de uvas mediterráneas. Con la calavera de Hamlet a cuestas, noche a noche, estirará el cordaje de sus nervios delirantes en las arpas frenéticas de un”Charleston” quintaesenciado. Y es bastante. He aquí que estamos parados al borde del año que va  a nacer y contemplamos con inquietud su peligrosa sonrisa de niño huracanado. Desde esta ladera vemos despeñarse el año viejo como un pordiosero perseguido por los perros de la casa. Es el minuto que ambos se confunden y la cansada vejez del que se va a morir, es una sola con la deslumbradora infancia del que está naciendo.

Autor/Fuente
Manuel Eduardo Hübner Fue Profesor de Sociología y Profesor Honorario de la Academia de Guerra. Fue uno de los fundadores de las revistas Letras y Consigna. Fue militante del Partido Socialista de Chile desde su fundación, en 1933. En el ámbito diplomático, fue cónsul general de Chile en California, Cuba y Australia; siendo en éstos dos últimos encargado de negocios. También fue Director de la Dirección de Informaciones del Estado, en 1954 http://www.memoriachilena.cl/temas/documento_detalle.asp?id=MC0040737
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