Vicente Pérez Rosales y el Terremoto de 1822
Terminó al fin el angustiado plazo, y cuando, huyendo de terror, unos cerraban los ojos y otros se desmayaban, un repique general de campanas vino a anunciar al feliz Santiago que el Dios de las bondades, merced a los ruegos de las monjas, había perdonado al género humano otorgándole mas años de vida.
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